Dedicado a tod@s l@s niñ@s del mundo

El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender (Montaigne)

jueves, 5 de noviembre de 2026

Cambio brusco al llegar a casa


 * https://www.eldiario.es/nidos/ninos-estallan-llegar-casa-hay-cambio-brusco-proceder-expertos_1_13638859.html

Niños que estallan al llegar a casa: qué hay tras este cambio brusco y cómo proceder según los expertos

Observar cómo se recupera el niño y si el malestar aparece en otros momentos ayuda a distinguir una tarde difícil de una situación que requiere más atención


Desde el colegio confirman que el día ha ido bien. Sin embargo, por la tarde, el niño llora con facilidad, está irritable o reacciona con intensidad ante una pequeña contrariedad. La familia recibe dos versiones que parecen difíciles de encajar: la de los profesores, que no han observado dificultades, y la que vive en casa. ¿A qué puede deberse esa diferencia?

Pilar Muñoz, psicóloga: “Nacer en diciembre puede suponer una desventaja respecto a otros niños nacidos en enero"

Pilar Muñoz, psicóloga: “Nacer en diciembre puede suponer una desventaja respecto a otros niños nacidos en enero"
Andrea Simal González, psicóloga responsable del área infantil y familiar de la clínica ÍTACO, en Madrid, recuerda que el bienestar que percibimos durante la jornada escolar es lo que observamos desde fuera. Para comprender su comportamiento, hay que conocer lo que sucede tanto en el colegio como en casa.
El esfuerzo de la jornada escolar
Prestar atención, seguir instrucciones, adaptarse a las normas, relacionarse con los compañeros y resolver conflictos supone afrontar demandas académicas, sociales y emocionales. Según Simal, ese esfuerzo puede generar cansancio, malestar o frustración. Con esa carga, al volver al hogar puede resultar más difícil regular las emociones, tolerar contratiempos o responder con flexibilidad.

La psicóloga lo compara con lo que puede ocurrir a los adultos después de un día cargado de conflictos o situaciones complejas que requieren un esfuerzo para afrontarlas. Según indica, tras una jornada así puede resultar más complicado gestionar una problemática menor al llegar a casa, incluso aunque el entorno sea más tranquilo, relajado y tenga menos demandas de las que se han afrontado durante el día.

Misma dificultad, dos entornos distintos
Simal plantea otra posibilidad: un mismo niño puede responder de manera diferente ante situaciones similares según dónde se encuentre. Frente a una tarea complicada, por ejemplo, tanto su reacción emocional como su comportamiento pueden variar entre el colegio y el hogar.
Para explorar esa diferencia, propone averiguar qué ocurre en las interacciones de cada espacio y si ha aprendido estrategias diferentes en cada entorno. Esta explicación no excluye la influencia de las experiencias escolares: “Son hipótesis que no tienen por qué ser incompatibles la una con la otra”.

Un mismo niño puede responder de manera diferente ante situaciones similares según dónde se encuentre

También cuentan la edad y los recursos de cada niño. Entre los seis y los doce años se producen numerosos cambios y avances en el desarrollo, destaca la experta. En esas edades, las habilidades para afrontar las exigencias del día pueden ser muy diferentes. Al valorar estas reacciones, Simal pide atender a las diferencias individuales y a la etapa en la que se encuentra cada uno.

En ocasiones, añade, necesitan más tiempo para procesar una experiencia desagradable, responder a ella o comunicar lo sucedido. Por eso, el malestar puede manifestarse después de la situación que lo provocó, incluso si ocurrió en días anteriores.

Para comprender estas reacciones, Simal propone fijarse en qué ocurre antes del llanto o la irritabilidad, cómo interactúa el niño con el entorno en ese momento y qué sucede después. Recomienda, además, recabar información del profesorado y de otros adultos de referencia que lo vean afrontar situaciones similares a las que generan dificultades en casa.

Esta profesional presenta estas posibilidades como orientaciones para saber dónde mirar, no como una interpretación que pueda darse por válida de antemano. Comprender cada caso requiere valorar conjuntamente lo que sucede en la familia y en el colegio.

Cuándo la descarga merece más atención
Marta López Alfayate, doctora en Psicología y psicóloga general sanitaria especializada en infancia y adolescencia en ALFA (Salamanca), apunta que durante las horas de colegio el niño puede contener el malestar. Esperar su turno, aguantar un conflicto en el patio o frustrarse con una tarea son algunas de las situaciones que menciona. 

El niño puede seguir con la jornada sin mostrar lo que le ocurre porque, como expresa la especialista, “en clase hay que seguir”. Al volver a casa, donde se siente seguro y está con alguien de confianza, puede expresar lo que ha contenido durante las horas anteriores. “Que llore por una tostada mal cortada a las cinco de la tarde no habla de la tostada. Habla de que en casa puede”, resume.

Que llore por una tostada mal cortada a las cinco de la tarde no habla de la tostada. Habla de que en casa puede

Marta López Alfayate — psicóloga especializada en infancia y adolescencia
Para López, la descarga en sí no es un problema. Al valorar estas reacciones, la psicóloga se fija en el patrón de las tardes a lo largo del tiempo, en lugar de centrarse en la intensidad de un día concreto. Contempla cuatro aspectos: si el niño consigue recuperarse, con qué frecuencia sucede, si el malestar se extiende a otros momentos y cómo están viviendo los adultos la situación.

Para detallar la recuperación, plantea el caso de un niño que, después de una rabieta de veinte minutos, retoma la tarde: merienda, juega o habla del colegio. López lo considera una muestra de regulación. Distinto es que el malestar se prolongue durante toda la tarde y no consiga recuperarse. “La descarga ya no cumple su función”, advierte.

Respecto a la frecuencia, sitúa dentro de lo esperable un mal día a la semana o una racha de dos semanas al comenzar el curso. En cambio, aconseja prestar más atención si las reacciones aparecen casi a diario durante más de un mes, sin un cambio reciente que ayude a entenderlas. Entre esas circunstancias menciona una mudanza, la llegada de un hermano o una separación.

También propone observar si ese estado aparece en otros momentos del día. Dormir peor, tener dolor de barriga por las mañanas, dejar de querer quedar con amigos o resistirse a ir al colegio son señales que llevan a la especialista a considerar que lo que sucede por la tarde ya no se explica solo por cansancio.

La doctora en Psicología recuerda además el caso de un niño de siete años al que atendió por “rabietas al salir del cole”. Según relata, detrás de esas rabietas había un problema con dos compañeros que había pasado inadvertido en el aula, donde el niño no daba problemas.

La vivencia de los padres también forma parte de esa valoración. Que sientan que ya no consiguen calmar a su hijo o que sus intervenciones empeoran lo que ocurre es otro elemento que valora. “Ese dato pesa tanto como los otros tres”, señala.
Si después de una rabieta de veinte minutos, el niño retoma la tarde: merienda, juega o habla del colegio, puede considerarse una muestra de regulación. Distinto es que el malestar se prolongue durante toda la tarde y no consiga recuperarse

Cómo acompañar la vuelta a casa
En la llegada al hogar, López propone empezar por bajar el ritmo. Su consejo es reservar la primera media hora sin deberes ni preguntas sobre cómo ha ido el día. “Merienda, cuerpo, presencia”, sintetiza.

Si las tardes mejoran en un par de semanas con ese cambio, la psicóloga lo interpreta como una descarga. Si no mejoran o aparecen los indicios anteriores, aconseja hablar con la tutora y, si hace falta, con un profesional. Para ella, dar ese paso “no es exagerar: es llegar a tiempo”.

viernes, 30 de octubre de 2026

Paternidad en serio

 * https://www.eldiario.es/nidos/armando-bastida-experto-crianza-falta-hablar-paternidad-serio_1_13624327.html

Armando Bastida, experto en crianza: “Hace falta hablar de paternidad en serio”

El autor de 'Criar juntos de verdad' pide a los padres que dejen de “colaborar” y asuman la crianza como propia, sin esperar a que nadie les diga qué hacer, y que se integren en redes de apoyo

— “El cachete y la bofetada a tiempo eran lo normal”: cómo afecta haberlos recibido de pequeños a la hora de criar


“¡Dime qué tengo que hacer y lo hago!” Durante años, muchos hombres le han dicho estas palabras a sus parejas en referencia a las tareas del hogar, la organización familiar del día a día y también a la hora de cuidar a los hijos. Seguramente haya buena intención en ellas, pero denotan algo que quizá a ellos mismos se les escapa: ha llegado la hora de dejar de “colaborar” y comenzar a criar de verdad.

Este pensamiento está en el origen de Criar juntos de verdad. Ni perfectos ni ausentes (Destino, 2026), un libro de Armando Bastida, enfermero pediátrico, padre de tres hijos y divulgador en redes sociales, en el que promueve una crianza respetuosa basada en la corresponsabilidad real. Aunque el foco principal de la obra se centra en el rol del padre dentro de la pareja, sus reflexiones sobre el reparto de la carga mental y la necesidad de tejer una red resuenan en cualquier tipo de hogar, desde familias monoparentales hasta parejas del mismo sexo. Un libro para que los padres comiencen a implicarse de lleno y para que las madres sepan que no tienen por qué hacerlo solas. “Papá tiene que dar un paso adelante, y mamá, a veces, dar un paso atrás”, afirma.

Dejar de hacer del padre un chiste
“Creo que hace falta hablar de paternidad en serio”, asegura. “Durante demasiado tiempo hemos tratado nuestra propia paternidad como una especie de chiste”, explica. “El padre que no sabe poner un pijama y es incapaz de comprar los pañales que el bebé usa, que se queda una tarde con sus hijos y parece que ha sobrevivido a una expedición de alto riesgo o que ‘ayuda mucho’ en casa. Hemos normalizado tanto esa imagen que, a veces, hasta los propios hombres la utilizamos como excusa para no asumir nuestras responsabilidades”.

Pero también reconoce que estamos ante una generación de padres que quiere hacer las cosas de otra manera. Muchos no desean repetir el modelo de sus propios progenitores, pero tampoco tienen demasiados referentes de cómo ser el padre que les hubiera gustado tener.

Hacer cosas no es asumir responsabilidades
Un error muy común, en opinión de Bastida, es que muchos padres siguen confundiéndose en algo fundamental: asumir responsabilidades. “Una cosa es cambiar pañales, preparar la cena o llevar a los niños al parque, que está muy bien. Pero luego es la madre quien tiene que recordar que falta comprar pañales, decidir qué van a cenar o darse cuenta de que el niño lleva unos días más irritable y quizá le ocurre algo”, explica el experto. 

La diferencia entre ser un simple brazo ejecutor o ser quien tiene la cabeza en la organización de la familia es fundamental. “Esta carga agota mucho porque no termina nunca”, apunta Bastida. “Puedes estar tirada en el sofá pero seguir pensando en lo que falta por hacer”.

A muchos hombres les cuesta reconocer que no se implican tanto como creen y cualquier comentario lo viven como un ataque personal

Por eso, cuando ella se queja y él responde “dime qué tengo que hacer que lo hago”, no es corresponsabilidad. “Responsable es ella: él solo hace lo que se le delega”, continúa. “Además, a muchos hombres les cuesta reconocer que no se implican tanto como creen y cualquier comentario lo viven como un ataque personal”.

El cambio de actitud pasa porque los padres hagan suya la responsabilidad de las cosas, y pone un ejemplo: “Imaginemos que a nuestro hijo se le han quedado pequeños los zapatos. Un padre que ayuda puede acompañar a su pareja a comprarlos si ella se lo pide. Un padre corresponsable se da cuenta, comprueba qué talla necesita, busca un momento para ir y se ocupa de resolverlo. No necesita que nadie se convierta en su supervisora”.

Equidad, no contabilidad
Pero los padres, huérfanos de referentes masculinos, necesitan una guía para distinguir entre todos estos conceptos. Bastida propone en su libro una forma de ser equipo “desde la equidad, no desde la contabilidad”, y lo explica. “Una familia no es una empresa en la que podamos repartir las tareas en un 50%. Habrá días en los que uno pueda dar el 90% y el otro solo el 10%. Y otros en los que suceda al revés. Eso también es ser equipo. Ahora bien, si uno lleva cinco años dando el 90%, tenemos un problema”.

Una familia no es una empresa en la que podamos repartir las tareas en un 50%. Habrá días en los que uno pueda dar el 90% y el otro solo el 10%

Eso también exige confianza. “Si el padre viste al bebé y la madre le corrige enseguida porque no le gusta la ropa que ha elegido, o supervisa constantemente cómo lo hace, es difícil construir esa confianza”. Él, dice, tiene que asumir su responsabilidad sin esperar instrucciones, y ella tiene que poder dejar de supervisarlo todo.

Permisos para cuidar
En muchas ocasiones, la logística familiar se complica por culpa del trabajo. En el libro, Bastida reconoce que se ha avanzado en conciliación (en España los permisos por nacimiento son hoy de diecinueve semanas por progenitor), pero todavía son insuficientes. 

“Si las familias quieren cuidar a los hijos durante sus primeros meses sin hacer malabarismos, necesitamos mayor flexibilidad real, sin penalizar laboral ni económicamente a quien cuida”, apunta. “Que las empresas dejen de considerar la implicación de un padre como una falta de compromiso profesional. Que pueda reducir su jornada, faltar al trabajo porque su hijo está enfermo o solicitar medidas de conciliación sin que lo miren como si acabara de anunciar que abandona su carrera”.

Un permiso de nacimiento es un permiso para cuidar. Y cuidar significa estar disponible, asumir responsabilidades y construir un vínculo con tu hijo

Pero la ley no lo resuelve todo. Si un hombre entiende su permiso como unas vacaciones pagadas o como un tiempo para ponerse al día con proyectos personales, “no hemos entendido absolutamente nada”, sostiene. “Un permiso de nacimiento es un permiso para cuidar. Y cuidar significa estar disponible, asumir responsabilidades y construir un vínculo con tu hijo”. 

Un padre se hace
De cualquier modo, el autor también aconseja conservar la calma. Nadie nace enseñado e incluso puede que un padre primerizo no sienta una conexión instantánea con su hijo. Ante esto, Bastida recomienda que no se asuste. “Nos han vendido una imagen muy cinematográfica de la paternidad”, admite. “Ese momento en el que ves a tu bebé, se detiene el mundo, suena una música preciosa y descubres de golpe el sentido de tu existencia, pero no siempre es así”.

El vínculo se va construyendo después con los pañales, las noches sin dormir, los baños, los paseos, los ratos de tenerlo en brazos, los intentos de consolarlo… “Por eso, a los padres les recomiendo que se impliquen al máximo porque así es como se construye la relación”. 

“Nadie te pregunta: ¿Cómo estás, papá?”
Criar juntos de verdad termina con una carta sobre la soledad de la paternidad implicada. Y para contrarrestarla, Bastida propone que los hombres, al igual que las madres, necesitan también su tribu. Pero para construirla tienen todavía que derribar algunos tabús que rodean al mundo masculino.

Los espacios de formación y de apoyo siguen estando ocupados mayoritariamente por mujeres y necesitamos que eso cambie

“Tienen que empezar a hablar entre ellos de cosas de las que tradicionalmente no lo han hecho”, apunta el experto. “Podemos pasar horas conversando sobre fútbol, trabajo o política, pero cuando uno se convierte en padre, no es tan habitual que se siente con sus amigos y diga: ‘Estoy agotado, tengo miedo de hacerlo mal, mi hijo lleva unos días rechazándome y no sé qué hacer’”.
Esto provoca una soledad particular muy intensa. “Los espacios de formación y de apoyo siguen estando ocupados mayoritariamente por mujeres y necesitamos que eso cambie”, defiende. “Podemos empezar por algo tan sencillo como preguntarle a un amigo que acaba de ser padre cómo está. Pero de verdad. Si duerme, si come bien, si necesita ayuda”.

“El cachete y la bofetada a tiempo eran lo normal”: cómo afecta haberlos recibido de pequeños a la hora de criar

“Pongo el foco en esto aunque sin olvidarme del sufrimiento de las madres”, advierte Bastida. “Porque ellas siguen soportando, en demasiadas familias, una carga mucho mayor. Precisamente por eso necesitamos hombres capaces de acompañarse entre ellos, de aprender juntos y de asumir sus responsabilidades”.



martes, 27 de octubre de 2026

Efectos del Móvil en pequeñ@s

 🇪🇸📱 La psiquiatra española Marian Rojas Estapé advierte que cuanto más tarde se entregue un celular personal a los hijos, mejor. Durante una entrevista, recomendó considerar edades entre los 14 y 17 años, en lugar de normalizar su uso desde la infancia. Su preocupación se relaciona con el desarrollo cerebral, el autocontrol, la atención y la regulación emocional. La especialista sostiene que entregar prematuramente un dispositivo puede dificultar la capacidad de gestionar los estímulos digitales. Sin embargo, no existe una edad universal que garantice un uso responsable. La madurez del menor, los contenidos, los horarios y el acompañamiento familiar también resultan determinantes. El mensaje es claro: un celular no debe entregarse por presión social, sino cuando existan preparación, límites y supervisión adulta adecuados para proteger su bienestar y desarrollo emocional. 

 https://webdelmaestrocmf.com/portal/marian-rojas-estape-advierte-sobre-la-edad-para-dar-un-celular-a-los-hijos-cuanto-mas-tarde-mejor/




lunes, 26 de octubre de 2026

Cachete, bofetadas...

 https://www.eldiario.es/nidos/cachete-bofetada-tiempo-normal-afecta-haberlos-recibido-pequenos-hora-criar_1_13612724.html

Cuando Ana era pequeña, en la década de los años ochenta, recibió insultos, gritos y golpes por parte de su padre y de su madre. “Los gritos eran la manera habitual de comunicarte algo cuando no hacías caso, y las bofetadas te caían sin problema por muy poca cosa. Recuerdo también bastantes insultos. Mi padre nos pegaba con el cinturón y le daba palizas a mi hermano”, recuerda. Pide utilizar un nombre ficticio porque sus padres todavía viven, aunque no ha logrado enderezar su relación con ellos. “Me fui de casa con 18 años por razones obvias, y a día de hoy tenemos la relación mínima imprescindible”. 

"Empiezan a separarse, pero nos necesitan mucho": por qué el cambio al instituto es crucial para los adolescentes

"Empiezan a separarse, pero nos necesitan mucho": por qué el cambio al instituto es crucial para los adolescentes

Ana tiene ahora dos hijos pequeños. Cree que el trato que recibió durante la infancia ha condicionado su forma de educarles: “Tengo muy claras las cosas que no me gustaban cuando era niña, que me provocaban miedo, tristeza, impotencia y rabia. Lo recuerdo bien y precisamente por eso evito hacerlo con mis hijos”, asegura. Nunca les ha pegado ni insultado, aunque sí se le escapa algún grito en situaciones de tensión o de prisa: “Pero cuando ocurre, por supuesto les pido perdón y les explico que me he equivocado. Algo que, a día de hoy, mis padres nunca han hecho conmigo”. 

Tengo muy claras las cosas que no me gustaban cuando era niña, que me provocaban miedo, tristeza, impotencia y rabia. Lo recuerdo bien y precisamente por eso evito hacerlo con mis hijos

Ana — madre

Datos oficiales 

El caso de Ana no es ni mucho menos aislado. Una encuesta reciente del CIS confirma lo que asociaciones y colectivos llevan años denunciando: son muchas las personas adultas que afirman haber sufrido violencia física y psicológica en la infancia. Por primera vez, este organismo público ha publicado un informe específico sobre vulnerabilidad en la infancia y la adolescencia. Una de las preguntas incluidas indaga sobre la violencia recibida.  

El resultado: casi la mitad de las personas adultas encuestadas afirma haber sufrido violencia física como castigo –golpes, bofetadas– y violencia verbal –insultos, humillaciones– por parte de los adultos que les cuidaban. En concreto, el 49,1% de los encuestados asegura que “le insultaron, humillaron o hicieron sentir que no valía nada”. Un 48,6% dice que “le dieron bofetadas o golpes como castigo”, mientras que un 32,5% indica que “le golpearon, empujaron, tiraron del pelo o lanzaron objetos para hacerle sentir miedo o hacerle daño”. 

El 49,1% de los encuestados asegura que “le insultaron, humillaron o hicieron sentir que no valía nada”. Un 48,6% dice que 'le dieron bofetadas o golpes como castigo'

Los datos son semejantes a otros presentados el año pasado por el Ministerio de Juventud e Infancia, que señalaba que un 48,1% de las personas encuestadas padecieron violencia psicológica durante su infancia y adolescencia, “siendo los progenitores los principales perpetradores”. Un 40,5% reconocía haber sufrido violencia física, también a manos de sus padres. Por su parte, UNICEF calcula que aproximadamente tres de cada cuatro niños y niñas de entre dos y cuatro años (alrededor de 300 millones en todo el mundo) son castigados habitualmente de forma violenta por parte de sus padres y cuidadores. Save the Children denuncia que en España son uno de cada cuatro. 

La encuesta reciente del CIS no pregunta si aquellos que son padres y madres en la actualidad han notado que haber sido educados padeciendo esas violencias influya en la forma en que ahora educan, pero hay otros estudios que sí han establecido esos paralelismos. Como este de UNICEF, que concluye que los padres y madres que sufrieron violencia durante la infancia tienen más probabilidades de validarla y aplicarla con sus propios hijos e hijas.

Consecuencias de la violencia

La abogada Violeta Assiego es experta en perspectiva de infancia y Derechos Humanos. Según ella, es “inevitable” que los patrones violentos en la educación interfieran luego en la parentalidad. “Un niño o niña que crece en un entorno de violencia aprende patrones y roles de relación violentos. A veces es una cuestión de pura supervivencia, lo vemos también con la violencia de género”. Assiego suele utilizar paralelismos entre la violencia contra la infancia y la violencia machista para explicar la gravedad del mal llamado “bofetón a tiempo”, que justifica o relativiza agresiones a niños y niñas por parte de sus padres. “Tenemos que imaginar qué pasaría si un hombre le pega un bofetón a su mujer”, propone. Y añade: “No podemos perder de vista nuestra superioridad física, psicológica y afectiva sobre los niños y niñas, para comprender que usar esa superioridad les puede causar un daño psicológico y también físico”. 

Desde la Plataforma de Infancia, que agrupa a asociaciones que trabajan por los derechos de niños y niñas, creen que es imprescindible desterrar este tipo de prácticas de la educación. Así lo explica Almudena Escorial, responsable de incidencia política: “La violencia es una vulneración de los derechos de los niños y niñas y de su dignidad como personas. Además, tiene impacto para su salud física y psicológica. En función de la gravedad de las agresiones y de la edad del niño, puede dar lugar a lesiones serias. Pero además puede tener consecuencias psicológicas, problemas psicosomáticos, alteraciones del sueño…. También puede generar ansiedad, inseguridad, depresión, baja autoestima, problemas de conducta y dificultades para relacionarse”, enumera Escorial. 

Un niño o niña que crece en un entorno de violencia aprende patrones y roles de relación violentos. A veces es una cuestión de pura supervivencia, lo vemos también con la violencia de género

Violeta Assiego — abogada experta en perspectiva de infancia y DDHH

Coincide en la gravedad de las secuelas la psicóloga y psicoterapeuta Beatriz Cazurro, especializada en trauma, infancia y adolescencia. “No todos los niños muestran el impacto de la misma manera. La violencia puede afectar a la regulación emocional, a la autoestima, a la capacidad de confiar en los demás, a la percepción del propio cuerpo y a la manera de relacionarnos. Vemos muchos problemas en el aprendizaje, la atención u otras funciones ejecutivas. También trastornos de la conducta alimentaria, síntomas obsesivos y autolesiones. De hecho, gran parte de la sintomatología que vemos hoy en día en pacientes adultos tiene sus raíces en la violencia sufrida en estas relaciones”, asevera la psicóloga. 

Romper patrones violentos

En sus libros Los niños que fuimos, los padres que somos y Atender lo invisible, Cazurro analiza el peso de las experiencias pasadas en la maternidad y paternidad, y advierte sobre las prácticas violentas que se siguen justificando como parte de la educación. Sin embargo, es optimista: cree que hay formas para evitar reproducir esos patrones. “Nuestra historia puede influir en cómo criamos, pero no tiene por qué ser determinante. Aunque pueda haber una mayor probabilidad de ejercer violencia si la hemos recibido, porque la hemos normalizado, eso no significa que no haya esperanza de encontrar otra forma de relacionarnos con nuestros hijos. La maternidad y la paternidad son etapas de oportunidad para revisar nuestras infancias, tomar conciencia de cómo nos han afectado y aprender otras formas de acercarnos a nuestros hijos”, asegura la experta.

María es madre soltera por elección. Intenta aplicar con su hijo una educación positiva, sin golpes, gritos o castigos. Aunque reconoce que no siempre ha sido fácil: “Cuando el niño tenía dos o tres años y tenía rabietas continuas, mordía y arañaba, yo perdía los nervios varias veces al día”. Nunca llegó a pegarle, pero sí reconoce un episodio doloroso: “Hubo una vez que le cogí de los hombros y le puse contra la pared muy fuerte. Al momento me eché a llorar porque me vi a mí misma fatal, y me pregunté qué estaba haciendo”. María no cree que el origen de esos impulsos violentos esté en su propia casa: “Nunca me han pegado ni mi madre ni mi padre, a pesar de que la forma de educar antes era esa: la zapatilla voladora y la letra con sangre entra”. Sin embargo, sí recuerda con nitidez los episodios violentos por parte de las monjas que la educaban en un colegio religioso: “Nos pegaban habitualmente capones y golpes en la cara. Una vez, con cinco o seis años, una de ellas me dio un golpe en la cabeza mientras yo comía un bocadillo. En otra ocasión, salí a la pizarra, no me sabía algo y otra monja me agarró de la coleta arrancándome un mechón de pelo”, rememora. “Eso sí que me afectó y a día de hoy lo recuerdo”, añade.

Ricardo, padre de dos, siente que su propia educación pesa a la hora de relacionarse con sus hijos: “Tengo 54 años y fui educado con métodos tradicionales: el cachete y la bofetada a tiempo. En mi casa era lo normal”. Tras convertirse en padre, pudo reflexionar sobre su propia experiencia, pero a veces todavía ejerce una violencia parecida a la que recibió. “Sé que a día de hoy esto no es aceptable y procuro contenerme. Esto que voy a contar no me hace sentir orgulloso, pero reconozco que cuando pierdo los nervios grito muy alto, amenazo e incluso he llegado a agarrar fuerte de los brazos a mis hijos. Me da vergüenza incluso reconocerlo y estoy tratando de evitarlo”, cuenta este padre. 

La violencia puede afectar a la regulación emocional, a la autoestima, a la capacidad de confiar en los demás, a la percepción del propio cuerpo y a la manera de relacionarnos

Beatriz Cazurro — psicóloga y psicoterapeuta infantil

Almudena Escorial también cree, como la psicóloga Cazurro, que hay posibilidades de romper con ese modelo violento. “Haber sufrido violencia en la infancia no implica necesariamente reproducirlo en el futuro con los hijos o hijas. Pero sí es cierto que los niños y niñas que crecen en entornos violentos pueden llegar a normalizar esas conductas y presentar un mayor riesgo de reproducirlas o de tolerarlas en sus relaciones futuras. Pero repito, esto no ocurre de manera inevitable y además se puede prevenir mediante apoyo, protección y políticas públicas”. De hecho, desde la Plataforma de Infancia creen que los últimos datos del CIS “visibilizan la necesidad de que las políticas públicas y las leyes se ocupen de la violencia hacia los niños y las niñas”. “No es un asunto privado, es un asunto sobre el que se debe actuar para poder prevenirla”, afirma Escorial. 

En la misma línea, la abogada Violeta Assiego cree que los datos del CIS desmontan la creencia de que “no pasa nada” por pegar, gritar o insultar a un niño o niña. “Hay una falsa creencia generalizada de que los niños y niñas son como esponjas: que todas las cosas que viven las integran, las olvidan. Como si los traumas y el dolor no les afectarán. La encuesta del CIS es especialmente relevante porque desmonta eso: lo que viene a decir es que no, que las personas adultas tienen esa mochila de la violencia que han sufrido en sus carnes y que les afecta en sus relaciones”, asegura. Assiego defiende que la ley orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (LOPIVI) ponga en valor el buen trato a la hora de relacionarse con los niños y niñas: “Hay que poner en práctica el buen trato como condición necesaria para que los niños y niñas crezcan de manera sana, sin las secuelas de las violencias”, asegura.

[Las monjas] nos pegaban habitualmente capones y golpes en la cara. Una vez, con cinco o seis años, una de ellas me dio un golpe en la cabeza mientras yo comía un bocadillo. En otra ocasión, salí a la pizarra, no me sabía algo y otra monja me agarró de la coleta arrancándome un mechón de pelo

María — madre

Desde la Plataforma de Infancia también valoran los avances legislativos de la LOPIVI, pero creen que hay que ir más allá: “Es una ley que tiene cosas positivas, por ejemplo ha traído muchos avances en política pública para que no haya ninguna tolerancia hacia la violencia hacia niños y niñas. Pero hay que poner muchos más esfuerzos todavía en su correcto desarrollo e implementación”, asegura Almudena Escorial. 

Por qué dejar que los niños asistan a entierros y despedidas puede ser bueno para ellos

Por qué dejar que los niños asistan a entierros y despedidas puede ser bueno para ellos

La psicóloga Beatriz Cazurro invita a los padres y madres a revisar su propia historia para evitar reproducir conductas: “Es importante entender que la violencia en la infancia es algo que sucede dentro de la relación más importante que tiene un niño: la relación con sus cuidadores. Por eso, la violencia hacia los niños no tiene justificación, pero quizá, si entendemos de dónde surge, podamos ayudar mejor a padres y madres a no perpetuarla”, concluye.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

Analfabetismo funcional

 https://lacronicadesalamanca.com/701901-cabeza-hacia-analfabetismo-funcional/


De cabeza hacia el analfabetismo funcional

España anota los peores resultados de su historia en el informe PISA 2025 arrastrada por la comprensión lectora. Solo un 2% de los alumnos de 15 y 16 años es capaz de leer textos largos y complejos. 

El sistema educativo español sufre un revés sin precedentes. El informe PISA 2025, publicado este martes por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), revela que España ha empeorado ostensiblemente en matemáticas, lectura y ciencias. Tras evaluar a casi 30.000 alumnos de entre 15 y 16 años, el estudio certifica que el país cae por debajo de la media de la Unión Europea y de las potencias desarrolladas, confirmando una crisis de aprendizaje estructural y dejando atrás el pretexto de la pandemia.

El desplome en lectura: el impacto de las pantallas y la IA

El mayor descalabro del sistema educativo español se produce en la competencia lectora. Comparado con los resultados de hace una década, los estudiantes han perdido hasta 45 puntos, lo que equivale a más de un curso escolar completo de retraso. Hoy, apenas un 2% del alumnado español alcanza el nivel superior de lectura -frente al 6% de la media de la OCDE-, lo que significa que son incapaces de comprender o analizar textos extensos y complejos.

La OCDE advierte de que este fenómeno es una tendencia global impulsada por el uso excesivo de dispositivos móviles y la irrupción de la inteligencia artificial, herramientas que están deteriorando la capacidad de atención y reflexión de los jóvenes. Tue Halgreen, analista senior y responsable de coordinar el estudio, lanza una advertencia para quien quiera hacerle caso: la lectura "es la puerta de entrada al resto de materias". Si falla la comprensión de textos, el rendimiento global colapsa.

Caída generalizada en ciencias y matemáticas

El panorama no es más alentador en el resto de disciplinas. Las matemáticas pierden 30 puntos respecto a 2015 (un año de aprendizaje menos), situando a España significativamente por debajo de sus vecinos europeos, a pesar de que el promedio internacional también ha moderado su caída.

En ciencias, la caída es de 16 puntos. La mitad de los jóvenes españoles presenta un conocimiento bajo en esta materia, un 28% sobrevive con competencias mínimas y solo un 5% demuestra un nivel excelente. Estas cifras colocan al país a la sombra de líderes globales como Japón o Estonia, y por detrás de economías occidentales como Estados Unidos, Reino Unido o Alemania.

Radiografía autonómica y la crisis en Cataluña

El estudio, basado en encuestas a 956 centros educativos, vuelve a evidenciar una profunda brecha territorial dentro de España.

La Comunidad de Madrid, Castilla y León, Asturias y Cantabria lideran el ranking nacional y logran esquivar la tendencia a la baja. Sus estudiantes obtienen resultados sobresalientes en las tres áreas, superando incluso las medias de la OCDE y la Unión Europea.

La Comunidad Valenciana y País Vasco sufren caídas importantes en su rendimiento académico respecto a ediciones anteriores.

Ceuta y Melilla: Vuelven a registrar las peores puntuaciones de todo el territorio nacional.

Cataluña protagoniza la mayor polémica de esta edición. La OCDE ha invalidado y excluido sus datos del marco comparativo debido a que la comunidad dejó fuera de las pruebas a un 23% de su alumnado. Esta exclusión estadística ha provocado una tormenta política que ya ha forzado varios ceses dentro del Departamento de Educación de la Generalitat, aunque el Ministerio español sí ha utilizado sus cifras para calcular la media estatal.

Luces entre las sombras: bienestar, equidad y bajo acoso escolar

Pese al mediocre diagnóstico académico, España saca pecho en los indicadores de clima escolar y bienestar. El país destaca como uno de los entornos educativos más seguros del mundo, con tasas de acoso escolar notablemente inferiores al promedio internacional.

Además, el sistema demuestra una alta capacidad de integración y equidad. Con un 20,3% de alumnado migrante escolarizado -muy por encima del 16,7% de su entorno-, las aulas españolas fomentan un fuerte sentido de pertenencia. Los jóvenes españoles también superan la media en índices de curiosidad y perseverancia hacia el aprendizaje.

El fin de la excusa sanitaria

Este informe marca un antes y un después en la evaluación del sistema. En 2022, las administraciones justificaron los malos resultados escudándose en el impacto del confinamiento por la Covid-19. Tres años después, PISA 2025 elimina esa excusa y confirma que España se enfrenta a un problema educativo estructural, no coyuntural. A partir de ahora, los gobiernos tendrán más tiempo para aplicar reformas, ya que el informe PISA, que naciera en el año 2000, pasará a publicarse cada cuatro años debido a su creciente complejidad técnica.

No comprenden lo poco que leen

Según el informe PISA 2025 publicado este martes, apenas un 2% de los estudiantes de 15 y 16 años es capaz de entender lecturas largas y abstractas. España acumula una caída de 45 puntos en la última década, el peor registro de su historia, en un escenario global donde el uso intensivo de los teléfonos móviles y la irrupción de la inteligencia artificial están transformando de forma drástica cómo los jóvenes procesan la información y se enfrentan al estudio.

La barrera de las 400 palabras

El diagnóstico de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es demoledor. De los casi 30.000 alumnos españoles evaluados -la mayoría cursando 4º de la ESO-, a la inmensa mayoría le cuesta terminar y comprender un texto que supere las 400 palabras.

La radiografía de la comprensión lectora en las aulas españolas muestra una pirámide muy achatada:

Nivel básico (68% de los alumnos): Llegan al nivel dos de la evaluación. Son capaces de identificar la idea principal de un texto moderado, localizar datos explícitos y hacer reflexiones sencillas si se les guía para ello.

Nivel de excelencia (2% de los alumnos): Alcanzan el nivel cinco, el más alto. Tienen la habilidad de comprender textos extensos, procesar conceptos abstractos o contraintuitivos y diferenciar hechos de opiniones basándose en indicios sutiles.

Este retroceso no afecta a todos por igual. El análisis confirma que el rendimiento ha empeorado de forma mucho más acusada durante los últimos tres años entre los jóvenes que provienen de entornos socioeconómicos bajos y medio-bajos, ensanchando la brecha de la desigualdad.

La inteligencia artificial hace los deberes

Aunque la incapacidad para concentrarse en lecturas largas es un desafío que afecta a todo el mundo, los datos muestran que los estudiantes españoles han abrazado las nuevas tecnologías como un atajo académico. El uso de herramientas digitales y generadores de texto está sustituyendo al esfuerzo de la lectura comprensiva.

"Los alumnos no son capaces de comprender textos largos y hacen una lectura apresurada", advierte Tue Halgreen, analista senior de la OCDE y coordinador del estudio. El experto alerta del peligro de esta tendencia, ya que la lectura "es la puerta de entrada al resto de materias".

El informe desvela que las aulas de nuestro país recurren a los algoritmos con mayor frecuencia que sus vecinos europeos. Un 54% de los estudiantes españoles utiliza chatbots de inteligencia artificial al menos una vez por semana para tareas escolares (frente al 46% de la media internacional). 

El 42% los emplea para hacer investigación preliminar sobre temas nuevos (la media OCDE es del 31%).

El 40% les pide que resuman textos que deberían haber leído (frente al 30% internacional).

El 33% los utiliza para redactar directamente sus trabajos escritos (frente al 29% global).

Solo un 8% afirma no usar nunca estas herramientas para el instituto.

El desplome de España frente al liderazgo asiático

La sustitución de la lectura tradicional por los atajos tecnológicos tiene un coste en las calificaciones. En los últimos diez años, los países de la OCDE han perdido una media de 28 puntos en comprensión lectora. Sin embargo, en España la hemorragia es mucho mayor: ha perdido 45 puntos, marcando su mínimo histórico (477 puntos).

A nivel mundial, los países asiáticos monopolizan los mejores resultados en esta disciplina. Singapur lidera la tabla global con 535 puntos, seguido de China (527), Taiwán (508), Japón (503) y Corea del Sur (501). En el extremo opuesto, con casi 200 puntos menos que los líderes, se sitúan países como Guatemala, Paraguay, Kenia o Ruanda.

viernes, 4 de septiembre de 2026

Faltan becas comedor para más de 1 millón de niñ@s

 https://elpais.com/educacion/2026-09-03/mas-de-la-mitad-de-los-alumnos-en-riesgo-de-pobreza-no-tiene-beca-para-el-comedor.html

Más de la mitad de los alumnos en riesgo de pobreza no tiene beca para el comedor

El inicio del curso escolar no siempre supone, para todos, el acceso al comedor. Así lo refleja el informe Vuelta al cole, ¿vuelta al comedor?, de la ONG Educo, que estima que 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social —el 54,7% del alumnado vulnerable— quedan fuera del sistema de becas y ayudas al comedor. En España, uno de cada tres menores (33,8%) está en riesgo de pobreza o exclusión social, según el dossier. En concreto, la organización calcula que más de dos millones de menores escolarizados se encuentran en esta situación, de los que 981.000 reciben algún tipo de dotación económica.

Pilar Orenes, directora general de Educo, ha señalado durante la presentación del informe que la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) es la etapa que presenta más dificultades de acceso a este servicio: la mayoría de los menores vulnerables que no reciben estas ayudas estudia en este ciclo, donde solo el 18% de los centros públicos dispone de comedor escolar. “Estos niños y niñas vienen de un verano en el que han tenido menos oportunidades de ocio que sus compañeros de clase, muchos de ellos y ellas han estado en casas que no están preparadas para las olas de calor extremo que hemos vivido. Ahora, en el inicio del curso se enfrentan a otro reto que los sitúa en clara desventaja: no tener acceso a la comida escolar y al espacio del mediodía”, explica Orenes en una nota.

“Las ayudas no ponen a los niños y niñas en el centro”, ha explicado Orenes en la presentación del informe. Lo decía al ser preguntada por la paradoja de que, pese al aumento de la inversión de las administraciones públicas —que alcanzó los 659,4 millones de euros en el curso 2024/2025, un 2,6% más que el año anterior—, más de un millón de niños en riesgo de pobreza queden fuera de las ayudas. Orenes ha destacado que los trámites burocráticos a los que deben enfrentarse las familias para optar a estas prestaciones económicas pueden suponer también una barrera, especialmente por los cambios en los criterios para acceder a las becas respecto a años anteriores.

La desigualdad en la obtención de las ayudas de comedor varía en función de la comunidad autónoma. Las mayores brechas entre la proporción de menores en riesgo de pobreza o exclusión social y el alcance de las ayudas se registran, según el informe, en Melilla, donde el 60,2% de los menores se encuentra en esta situación, frente al 2,8% de los estudiantes que reciben becas de comedor. Le seguirían la Región de Murcia (44,6% frente al 2,3%), Ceuta (40,9% frente al 7,2%), Castilla-La Mancha (43,4% y al 8,4%) y Extremadura, con un 34,7% de alumnos vulnerables y donde las ayudas solo alcanzan al 0,58%, cinco regiones con escasas ayudas pese a sus elevadas tasas de pobreza o exclusión social.

La situación presenta un mayor equilibrio en Galicia y el País Vasco, territorios donde existe una relación más próxima entre la dimensión de la vulnerabilidad y el alcance de las ayudas, según explica la ONG. En una posición intermedia se encuentran Cataluña, Canarias y la Comunidad Valenciana, con porcentajes destacables de alumnado becado, pero también con altas tasas de pobreza infantil.

María Lafuente Funes, especialista en incidencia política de Educo, ha subrayado en declaraciones a los medios tras la presentación del informe que la Comunidad de Madrid presenta una particularidad: aunque el 13,5% de los estudiantes reciben una beca, estas no cubren el 100% del coste de la comida. El precio medio diario del comedor escolar, según el informe, es de 5,57 euros. Lafuente Funes ha detallado que las subvenciones concedidas por la Comunidad cubren, de media, el 48%. “Solo el 1,5% de las prestaciones económicas que otorgan a las familias beneficiarias cubren todo”, ha añadido.


El informe reclama que, dada esta situación tan diversa, el comedor gratuito universal debería ser un objetivo a conseguir para toda España. Para respaldarlo, Educo asegura que es una medida costosa, pero asumible, dada la importancia que tiene este servicio en la salud, el desarrollo y el rendimiento escolar de los menores. Los cálculos de la ONG muestran que garantizar este acceso de forma universal tendría un coste de 6.165 millones de euros por curso escolar, el equivalente al 0,37% del PIB nacional. España destina actualmente el 4,34% de su PIB a educación, por debajo de la media de la Unión Europea, que se sitúa en el 4,65%. Si se incorporara ese coste del comedor, el gasto educativo español subiría hasta el 4,71%, según las cuentas de Educo, ligeramente por encima de la media europea y aún por debajo de países como Suecia (6,8%) y Finlandia (6,29%), que garantizan el comedor escolar universal en las etapas educativas obligatorias.


Conseguir que el acceso a alimentación en la escuela sea universal supondría un respiro para las familias que no solo no pueden ofrecer a sus hijos una alimentación sana y equilibrada, sino que también necesitan compatibilizar su papel como madres y padres con su vida laboral. Es el caso de Leudymar, que explica que, antes de recibir la ayuda, tenía que recoger a sus hijos al mediodía y prepararles la comida antes de volver a llevarlos a las actividades escolares. “Cuando no tenía la beca de Educo no podía trabajar, porque ningún puesto de trabajo me iba a ofrecer un horario en el que pudiera estar en mi casa a las 12 para recoger a los niños”, cuenta en un testimonio proporcionado por la ONG. La beca, añade, le permitió acceder a una jornada laboral de ocho horas y despreocuparse de la alimentación de sus hijos durante la jornada escolar, lo que ha supuesto para ella un “alivio” al “agotamiento físico” que experimentaba.

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lunes, 3 de agosto de 2026

Lo que las escuelas deberían enseñar


Habilidades Esenciales para el Futuro
  • Pensamiento crítico: Analizar información, dudar de lo evidente y no solo repetir datos.
  • Inteligencia emocional: Conocer las propias emociones, manejar el estrés y tener empatía.
  • Educación financiera: Aprender a ahorrar, gastar e invertir el dinero de forma sensata.
  • Comunicación efectiva: Hablar en público con claridad, escuchar a los demás y escribir bien. 
Valores y Convivencia
  • Trabajo en equipo: Colaborar con diferentes personas respetando sus ideas.
  • Ciudadanía digital: Entender el uso correcto y el impacto de las redes sociales en la vida diaria.
  • Resiliencia: Superar los problemas y aprender de los errores sin rendirse. 
Si deseas profundizar, dime si prefieres hablar sobre métodos de estudio o sobre cómo cambiar las materias en las aulas.