Dedicado a tod@s l@s niñ@s del mundo

El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender (Montaigne)

jueves, 24 de mayo de 2018

La asignatura de música, debería de estar muy presente y con más horas

http://www.laverdad.es/sociedad/mejores-notas-20180515005525-ntvo.html

http://www.abc.es/sociedad/abci-asignatura-hace-ninos-mas-inteligentes-y-esta-siendo-ignorada-espana-201805221131_noticia.html

Es horrible limitar las horas de Música, Plástica y Educación Física, porque son los aprendizajes más transversales que hay. También en Secundaria, pero especialmente en Primaria, el resto de asignaturas deberían construirse encima de estas tres». Es una de las frases de un vídeo que se ha visto en Internet 3,3 millones de veces en seis meses. Y no sale de boca de ningún juglar, artista o filósofo, que podría ser, sino de un científico, el biólogo genetista catalán David Bueno, que canta las excelencias del aprendizaje de estas disciplinas como potenciadoras del desarrollo del cerebro de los niños y garantía de una mejora en los resultados académicos del resto de asignaturas. Para aprovechar estos beneficios, propone básicamente romper con el esquema actual de enseñanza de Primaria, vertebrado por materias como Matemáticas, Ciencias, Lengua... para crear un nuevo cuerpo con esas tres como tronco. Algo así como intercambiar las 'serias' por las 'marías'.
En concreto, según Bueno, «la música es una gimnasia cerebral, es de las pocas actividades que activan todo el cerebro simultáneamente; más que resolver una multiplicación. Debería haber música en todos los niveles, no solo escuchar música, sino tocar música, un instrumento, el que sea, y cuanto más complejo más se activa el cerebro. No me refiero al mito de escuchar a Mozart, sino a cualquier músico». Recuerda que la neurociencia lleva 20 años acumulando estudios en esta dirección. «Pero hace falta que los que hacen las leyes, los currículos, se fijen en los avances de la ciencia», añade.
Hace precisamente dos décadas, el doctor Martin F. Gardiner, director de la Escuela de Música de Providence (Rhode Island), aseguraba en la revista científica 'Nature' (1996) que una educación musical y artística especialmente diseñada podía llevar a mejoras espectaculares en la lectura y las matemáticas. Lo comprobó con un experimento con niños de entre 5 y 7 años con malos resultados académicos que, tras haber recibido clases musicales, igualaron a los mejores en lectura y superaron a los de matemáticas. Desde entonces, como comenta Bueno, se amontonan las investigaciones en este sentido.
«La Música como extraescolar quita tiempo al juego y eso genera desgana y abandono. Por eso hay que integrarla»DAVID BUENO BIÓLOGO - GENETISTA
Paralelamente, las distintas leyes de Educación en nuestro país han ido relegándola en los currículos hasta el punto de que la última de ellas, la LOMCE, en la que estamos inmersos, ni siquiera la considera obligatoria. Mientras, varios de los países con mejores resultados en el informe PISA tienen una mayor dedicación musical en el horario escolar que nuestro país, según la Confederación de Asociaciones de Educación Musical de España (COAEM).

Contra la LOMCE

La web elaborada por estos profesores (la asociación agrupa a unos 2.500 de todo el país) está que arde: «La Música es fundamental en el desarrollo cognitivo, social y personal y ha de estar en el sistema educativo. Ayúdanos a recuperar este derecho. La LOMCE la relegó al estatus de optativa en todas las etapas educativas de la Enseñanza General, permitiendo que un alumno o alumna termine su escolarización obligatoria en España sin haberla estudiado en ningún curso». Raquel Hernández, profesora en Secundaria de esta materia en Tafalla (Navarra), es su presidenta: «Menos mal que las comunidades autónomas impusieron cierto orden y decidieron imponerla, aunque sea una sesión semanal».
«Les damos ocho horas a la semana y están a la cabeza de todos los resultados»MONTSERRAT GURI - EDUCADORA
Sin embargo, el mapa de la enseñanza musical en España es variopinto. COAEM realizó un estudio sobre las horas de esta asignatura que se imparten en Primaria y los resultados son tan dispares como que Canarias dedica 82,5 minutos semanal a lo largo de toda esta etapa, mientras que Andalucía se conforma con cerca de la mitad, 45. «Hemos ido empeorando -dice Hernández-; conforme vamos teniendo leyes, las cosas para las Artes se ponen más feas. Lo más dramático es cuando no existe continuidad, cuando un curso es asignatura obligada, al siguiente no y luego vuelve a serlo; muy absurdo. Lo que pedimos es que la Música se enseñe durante toda la enseñanza obligatoria diferenciada de Plástica, al menos dos sesiones, y que sea impartida por profesorado especializado».
Así las cosas, quieren cambiar la ley y piden adherirse a un manifiesto contra la LOMCE que ya han firmado Enrique Bunbury, Luis Cobos, Antón García Abril, Nacho Vegas, Kiko Veneno, Javier Ruibal, Lolo Rico, Fernando Savater, El Gran Wyoming... entre otras muchas personalidades de la cultura, músicos y profesores y colectivos.
Porque no se trata de que la materia no despierte el interés, al menos de los padres; todos los años hay miles de solicitudes para entrar en las escuelas de Música y conservatorios y pueden llegar al 50% (y hasta al 90%) los niños que se quedan fuera, lo que aboca a las familias a pagar por una academia privada o, en el peor de los casos, a aparcar la idea. Además, aquí viene el segundo problema del actual panorama, con la carga lectiva obligatoria y el avance en contenidos y dedicación de los conservatorios conforme pasan los años. Lo explica David Bueno: «Como no está dentro del horario lectivo, son horas que se quitan al juego en extraescolares de Música y eso puede generar desgana, aburrimiento y abandono. Por eso hay que incorporarla a la enseñanza reglada de forma importante». Dicho está, pero... ¿cómo materializar algo tan revolucionario? «Las horas están pensadas ahora por materias, pero habría que hacer un cuadro horario para que estando en clase de Mate pudiera venir el profe de Música a explicar lo mucho que tienen que ver. O que en la hora de esta asignatura, mientras analizas pentagramas o tocas, hablemos de progresiones matemáticas».
Hay un puñado de centros en España que han apostado por los beneficios probados de esta enseñanza. Centros Integrados de Música se llaman, una figura que no contemplan todas las comunidades autónomas. La idea es compatibilizar la enseñanza obligatoria con el aprendizaje académico de la Música. Ejemplo de ello es el Instituto Escuela Artística Oriol Martorell, de Barcelona, que este año celebra su 20 aniversario; un centro público donde los niños salen de Primaria con el grado elemental de Música y al término de la Secundaria obtienen el grado profesional. Listos, si así lo desean, para entrar en el Conservario a por el nivel superior.
Su directora, Montserrat Guri, explica que la idea partió «de un 'conseller' con sensibilidad musical, que con una serie de personas planificó un centro donde compaginar los estudios de la escuela con los de Música y Danza en un horario de 9 a 17». Se rodearon de profesores expertos para desarrollar un currículo y de ahí salió este centro que funciona «a la manera de las Escuelas Oficiales de Idiomas», es decir, que aunque es público hay que pagar un dinero, en este caso 650 euros al año por la Música (unos 65 euros al mes) y 430 por la Danza. Hay prueba de acceso con 6 años porque no hay plazas para todos, «aunque debería ser para todos», dice Guri.
En los dos primeros cursos de Primaria, se prueban en talleres todos los instrumentos y todas las danzas -desde la clásica a la contemporánea pasando por la española- para descubrir cualidades. Si un niño en 1º y 2º en un centro tradicional tiene 25 horas lectivas a la semana, en el Oriol Martorell dedican entre 21 y 23, a las que suman 8 de Música. Y de algo hay que quitar, claro; se consigue eliminando las clases optativas y las de Educación Física, aunque reciben gimnasia adaptada para su instrumento. En 5º y 6º, el horario se amplía y terminan a las seis. Pero no pierden el tiempo en desplazamientos a extraescolares.
«El resultado es que en las evaluciones de los centros, en el resto de materias, las obligatorias, siempre estamos a la cabeza», dice su directora. La avala un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona realizado en su escuela por María Andreu i Duran: «Los alumnos cursan las mismas horas, o incluso menos, de las obligatorias. Y los resultados son superiores comparado con el alumnado con más horas de esas materias».
La opción de los centros integrados es minoritaria. Otras escuelas se conforman con 'arañar' algo de tiempo al currículo general. Aurora de Anta es la directora del colegio público Kantic@, en Arroyo de la Encomienda, población de 20.000 habitantes a 6 kilómetros de Valladolid que este año ha sido el centro más demandado por las familias del municipio para matricular a sus pequeños. «Porque trabajamos por proyectos y porque damos mucha importancia a la Música», dice ella. «Mientras el resto de colegios de Castilla y León tienen una hora semanal, nosotros hemos conseguido media hora más». Su actividad musical se centra fundamentalmente en el coro. Otra opción que empieza a instaurarse es la de crear sinergias entre conservatorios y escuelas de Primaria, aprovechando instalaciones, instrumentos y educadores cuando los primeros están vacíos, es decir, buena parte del día, para que los niños contacten con la materia de una forma efectiva y práctica. Porque, como dijo Pavarotti, «aprender Música leyendo teoría es como hacer el amor por correo».

miércoles, 23 de mayo de 2018

Cambio en la enseñanza de las matemáticas

https://www.diariodemallorca.es/mallorca/2018/05/20/espana-unico-pais-europeo-ensena/1314838.html

"Las matemáticas no son hacer cuentas: es razonar. Hay que saber matemáticas para no ser manipulado"

22.05.2018 | 00:51
Clara Grima, ayer en la Universitat. 
En 1995 Clara Grima empezó a dar clases e investigar en la Universidad de Sevilla, enseñando a futuros ingenieros y dando conferencias sobre su línea de investigación a otros matemáticos (a los motivados, los que las entienden). En 2010, empezó a dirigirse al gran público, a los niños y a sus padres, a los profesores de colegios e institutos y a todo el que quiera escucharla. Ayer, los profesores y los participantes de Estalmat, disfrutaron de una de sus divertidas sesiones divulgativas de la andaluza en la que resaltó que "no hay que ser un héroe para dedicarse a las matemáticas".
¿Las matemáticas imponen?
Es importante transmitir a los niños y sobre todo a las niñas que no hay que ser una heroína para dedicarse a las matemáticas. Hace un par de siglos había una primera discriminación que era el dinero (si no tenías dinero no podías dedicarte a estudiar ciencia) y una segunda discriminación entre hombres y mujeres. Las pocas que lo consiguieron sí que fueron heroínas y hay que reconocérselo, pero los niños de ahora deben ver que no hay que ser un Einstein ni sacrificarse como Marie Curie para dedicarse a la ciencia. Y que la ciencia ya no se hace a hombros de gigante sino de montañas de enanos: los equipos son de mucha gente normal, que se esfuerza mucho, pero gente normal, no superhéroes.
"Yo es que soy de letras".
Me repatea oír eso. Nunca ha tenido sentido, pero ahora menos que nunca. Es una dicotomía que tenemos que eliminar. Y cuando mando un artículo de investigación en matemáticas me esfuerzo en que la comunicación esté bien hilada y bien escrita. Y todos somos de ciencias. Usamos el ordenador, llevamos un smartphone en el bolsillo... eso es ciencia. La ropa que llevas también es ciencia: mi madre me ponía un chaquetón que pesaba 20 kilos y pasaba frío; los chavales de ahora llevan polares que no pesan nada y pasan hasta calor. La moda es ciencia y matemática pura y dura, ahí están los patrones de costura. Todo es ciencia y también todos somos de letras, no podemos olvidar las humanidades: la ciencia se hace para la humanidad. Y sin ciencia no puedes hacer humanidades: mira la sociología y el uso del big data.
En las pruebas de PISA siempre obtenemos los peores resultados en matemáticas. Y estamos en un mundo tecnológico, ¿perdemos competitividad como país?
En matemáticas y en comprensión lectora: una cosa va con la otra. Sí, es un peligro para el país. En España la ciencia se está dejando morir, no se está inviertiendo y además, se nos suma un problema detectado a nivel mundial de caída de interés en las carreras científico-técnicas. Se está apuntando como posible causa a la manera en que se están enseñando las matemáticas en los colegios e institutos. Y eso es un problema, porque diga lo que diga Rodrigo Rato, el progreso de un país no depende ni del ladrillo ni del turismo, sino de la ciencia y la tecnología. La bajada de vocaciones es un problema que se da a nivel mundial, pero en otros países se está tomando el problema de la actualización de la enseñanza de las matemáticas como un asunto de estado y aquí no. En Francia por ejemplo Macron ha fichado como diputado a Cédric Villani, ganador de la medalla Fields [el Nobel de las matemáticas] que ha presentado un informe con 21 medidas para mejorar la enseñanza de las matemáticas. La medida 17 dice que hay que hacer de la enseñanza y la popularización de las matemáticas una prioridad nacional. A todos nos tienen que gustar las matemáticas. Y al niño que despunta en matemáticas valorarlo y aplaudirlo como al que despunta en fútbol, en vez de tratarlo como a un freak.
¿Cómo actualizar la enseñanza de las matemáticas?
Villani propone el método Singapur, que consiste en que los niños empiecen tocando y jugando con las matemáticas. Haciendo grupitos de caramelos, por ejemplo. Luego, cuando tienen el concepto claro se les enseña a escribir el símbolo y se les dice ´a esto se le llama dividir´. Tocar, escribir y luego abstraer. Aquí hay mucha gente que defiende este sistema, pero el problema es que es un cambio que hay que introducir en magisterio.
¿Tiene sentido aprender a hacer divisiones de dos cifras?
España es el único país europeo que aún enseña a dividir con dos cifras. No sirve para nada, es como calcular la raíz cuadrada a mano. Para eso está la calculadora.
Habrá quien responda: "Si tengo calculadora, para qué necesito aprender matemáticas".
Ahí está la raíz del problema: las matemáticas no son hacer cuentas. Las matemáticas es razonar, pensar; coger una situación, modelarla y resolver el problema. Y si tienes para ello que hacer una cuenta, usa una máquina que hemos diseñado precisamente para eso. Es más importante enseñar a los niños a pensar y a ser críticos que a saber dividir. Y para que sean críticos y no se les pueda manipular han de saber matemáticas.

miércoles, 9 de mayo de 2018

No se trata de cambiar el sistema educativo, se trata de crear uno nuevo

http://www.sincronia.org/voces/carlos-roncero/
La docencia es mucho más agotadora que la escritura. Mis facetas como escritor y profesor se retroalimentan, eso sí, como profesor tengo más satisfacciones, pues la interacción con el alumnado es constante y aprendo sin descanso. Cuando hablo con padres sobre el futuro de sus hijos, les animo a que les apoyen en lo que quieran ser o hacer. Hay que crear un sistema educativo basado en el fomento de la creatividad, de la solidaridad, de un espíritu emprendedor enfocado hacia el bien común.
Carlos Roncero,
Profesor y escritor

¿De pequeño que querías ser: escritor, profesor u otra cosa?

De pequeño quería ser pequeño. Quiero decir que no recuerdo tener una respuesta cuando me hacían esa pregunta. Quizás fuera a los diez años cuando empecé a sentir algo parecido a querer ser algo y, sin estar muy seguro en ese momento, sabía que debía de estar relacionado con el cine. Mi madre nos llevaba siempre a mis hermanos y a mí al cine los domingos por la tarde. La primera película de la que tengo un recuerdo nítido es “Jovencito Frankenstein”. Tenía cinco años y no pude entenderla. Lo que hice fue llorar y llorar de miedo, y mucho más cuando se fue la luz en el cine. Chillé tanto que mi madre tuvo que sacarme de ahí. Quién hubiera dicho que de un encuentro así, tan poco afortunado, iba a nacer el amor profundo e intenso que siento por el cine. Soy un cinéfilo empedernido. Fue cuando vi por primera vez “En busca del arca perdida” cuando supe que yo quería hacer lo que hacía Spielberg. Y lo sigo deseando.

¿Por qué elegiste hacerte profesor?

Porque no pude ser director de cine. Mis padres, en su afán protector, nunca me apoyaron. No se los reprocho. La mayoría de los padres hubieran hecho lo mismo y más en aquella época. Conocían bien la realidad y sabían que, lo más probable, es que eso no me llevaría a ningún sitio. Desde ese punto de vista, no se los reprocho, pero, aún así, me hubiera gustado que me animaran a intentarlo. Por eso, cuando, como tutor, hablo con padres sobre el futuro de sus hijos, les animo a que les apoyen en lo que sus hijos quieran ser o hacer, incluido el mundo de la escena. Así que no me quedó otro remedio que estudiar algo en la universidad. El problema era que no había nada que me atrajera salvo la filología inglesa (por lo de las películas en versión original) y la historia. En filología había que dar latín y siempre se me dio muy mal, de modo que entré en historia, que sí me había gustado desde pequeño porque, en el fondo, la historia es como una gran película y si, además, tienes la suerte de que te la cuente un buen profesor, como fue mi caso, tanto en la EGB como en el bachillerato, pues más todavía.

"El principal problema de la educación es la total desconexión de las autoridades que deciden sobre enseñanza en este país con la realidad educativa."

Al final tus padres satisfechos y tu, de alguna forma, también, ¿no?

Lo curioso es que a mis padres no les preocupó que me metiera en la carrera que, probablemente, tenga menos salidas de todas. Seguramente, menos que el cine. Pero yo iba a la universidad y para ellos eso era serio, el cine no Y que conste que no lo comento desde el reproche, ni mucho menos. Allí comprendí que esa película tan larga que se llama Historia quería contársela a los demás, tal y como habían hecho conmigo los excelentes profesores que tuve. Y funcionó. Soy un tipo extrovertido y me gusta bastante bromear. Mezclé eso con la Historia y de la coctelera salí yo dispuesto a dar clases. Y ya son veintiún años de docencia. Veintiún años pasándolo en grande.

¿Y qué te llevó a la literatura?

El hecho de no poder ser director de cine. Siento ser repetitivo, pero, para bien o para mal, toda mi vida se ha desarrollado en función de lo que nunca he podido hacer. Me dije que si no podía dirigir películas por lo menos podría escribir guiones de cine. Era otra forma de entrar en ese mundo. Así que, sin tener ni idea y con veinte años, me puse a escribir guiones. Los primeros fueron espantosos, aunque a mí en aquel momento me parecieran obras maestras de la comedia. Me gustaba escribir comedias. Recuerdo una vez que me contactaron los de una agencia de guionistas para decirme que querían contar conmigo. Yo tenía 26 años y pensé que se me abría el cielo. Lo primero que hicieron, siempre a distancia con correo ordinario porque en esa época no existía internet, fue formarme como guionista. Me dijeron que leyera los libros de Linda Seger y Syd Feld sobre escribir guiones y así aprendí la base, no solo para escribir cine sino, sobre todo, para escribir literatura. Mis libros son muy entretenidos porque tienen un buen sentido del ritmo y eso se lo debo a esos libros, y a ver mucho cine. Luego resultó que la agencia quebró o se dedicó a otras cosas, no sé, el caso es que me escribieron diciéndome que no podían atenderme y me desearon buena suerte.

¿Y cómo diste el paso defintivo a escribir novelas?

Probé enviando guiones al mundillo del cine, pero eran historias muy malas y me los rechazaron siempre. Digo rechazaron porque, en realidad, nunca me contestaron y, ya se sabe, el silencio otorga. Ocurrió entonces que escribí un guión bueno, aunque eso solo lo sabía yo. Pero era bueno de verdad. Una comedia, por supuesto. Y, entonces, me hice la gran pregunta. Todas las grandes preguntas empiezan por ¿Y si…? De hecho, los guionistas trabajan así. ¿Y si hacemos que el protagonista llame a su amiga…? Y luego buscan las posibles respuestas. La pregunta que yo me hice fue ¿Y si convierto este guión en una novela? Y de ahí nació “Los trenes perdidos”, que años más tarde sería publicado por la editorial E-Litterae. Una comedia coral desarrollada en un balneario en los años de la Segunda República. Así empecé en la literatura.

¿En tus novelas de qué hablas? ¿Partes de experiencias personales o son pura ficción?

Cuento conflictos. Sin conflicto no hay historia. El resto es adorno y hay que saber adornar, que no es fácil. Yo sigo aprendiendo. Hablo de lo que se ha hablado siempre, en eso me temo que no sea muy original. Hablo de las necesidades humanas y de sus contradicciones. No parto de experiencias personales pero sí tengo claro que, de un modo u otro, estoy en todas mis novelas. En unas más que otras. Lo más cerca que he estado de partir de una experiencia personal ha sido con “Mis ojos llenos de ti”, pues la inspiración me vino de un sueño. Soñé con una niña tocando un violonchelo en un cementerio frente a una lápida mientras un niño la escucha espiándola. A partir de esa imagen construí la novela. Me hice una pregunta con ¿Y si…? Me pregunté ¿y si ese niño vive en el cementerio? Supe de inmediato que había hecho la pregunta correcta. En mi último manuscrito, aun no publicado, soy uno de los personajes secundarios. El profesor-tutor de la protagonista. Me pongo otro nombre pero soy yo y he de confesar que disfruté mucho con la evolución que experimento en la novela. En otros casos he partido de hechos reales, como en “Clara dice”. Leí el caso de una madre que no aceptaba el suicidio de su hija adolescente y empezó a investigar en la red hasta descubrir a un depredador que captaba adolescentes y les convencía de que se suicidaran. Terrible. También me han inspirado lugares, como en “Los trenes perdidos”, que se me ocurrió paseando en el Balneario de Alhama de Aragón. Es un lugar precioso anclado en el siglo XIX. A medida que caminaba los personajes de la novela se me iban apareciendo y yo los iba bautizando. He partido también de hechos históricos como inspiración. Por ejemplo, escuchando a un compañero profesor que hablaba de cómo los falangistas ejecutaban a sus víctimas en Gran Canaria arrojándolos a una sima, se me ocurrió “La extraordinaria historia de Juan Barreto”. Mientras le escuchaba me hice una pregunta con ¿Y si…? Me pregunté, ¿y si una de esas víctimas sobrevive a la caída? El resto vino solo.
Ya sabemos que es difícil elegir, pero ¿cuál de tus obras editadas hasta el momento es tu favorita y porqué?

Pues sí, es difícil elegir. “Clara dice” es, sin duda, la que más satisfacciones me ha dado, pues es una novela relativamente conocida y se lee en los institutos, pero no podría decir que es esa mi preferida. Cuando me hacen esa pregunta me viene de inmediato a la cabeza “Mis ojos llenos de ti”. Es sin duda, la más personal y quizás sea eso por lo que le tengo un especial cariño. Lo cierto es que disfruté muchísimo escribiéndolas todas, sin excepción. “La extraordinaria historia de Juan Barreto” tiene personajes muy sólidos y suelo pensar en ella a menudo. Es difícil elegir.

"No se trata de adaptarnos a los adelantos digitales, son estos los que se tienen que adaptar a nosotros. Se han hecho para facilitarnos las cosas, no para dirigir nuestras vidas"

¿Compartes tus experiencias como escritor con tus alumnos? ¿Cómo reaccionan ante tus nuevas novelas?

Sí. “Clara dice” es una de las lecturas del curso. Es una novela que les apasiona; la devoran, se adelantan incluso al ritmo de la clase leyéndola por su cuenta en casa, la leen dos veces. Y saben, además, que el autor es profesor del colegio y que les dará una charla exclusiva para hablar del libro. Ahí es cuando aprovechan y me hacen todo tipo de preguntas sobre mi faceta de escritor, desde cómo se me ocurrió la novela a cómo escribo, por qué empecé…Hay dos preguntas que nunca fallan en estas sesiones, año tras año: una es que si yo soy Trápaga (el comisario que lleva el caso en la novela). Yo les contesto que no, pero que me gustaría mucho serlo. Les digo que es una especie de alter ego. Luego les explico lo que es un alter ego. Me parezco a él pero yo no tengo tanta mala leche. La otra pregunta es que si voy a hacer una segunda parte. La novela tiene un final abierto y eso, a esas edades en las que solo ven o leen finales cerrados a ser posible felices, les descoloca. Les contesto que si lo he hecho así es para que, cuando terminen de leerla, se sientan inseguros y se hagan preguntas. Aquí es cuando aprovecho y les hablo de las redes sociales, pues la novela trata de los peligros que en ella puedes encontrar. Sorprendería saber el total desconocimiento que tienen los padres sobre la navegación que hacen sus hijos en internet, ya sea con el ordenador o con el móvil. Asusta. Institutos de la Península me han hecho entrevistas vía email, y las preguntas suelen coincidir, sobre todo esas dos. En junio tendré la oportunidad de ir a un instituto de Bilbao para que me conozcan y charlar sobre “Clara dice”. Es todo muy emocionante. Respecto a la segunda pregunta, realmente no suelo decir a mis alumnos que he publicado una nueva novela. Me da la impresión de estar haciendo publicidad con ellos y no me gusta. Prefiero que tengan curiosidad y me busquen en las redes. Si me hacen alguna pregunta al respecto les contesto, claro.

¿Cuál de las dos facetas te llena más personalmente, la de escritor o la de profesor?

Son complementarias, simbióticas, se retroalimentan. No podría hacer la una sin la otra. Eso sí, como profesor tengo más satisfacciones pues la interacción con el alumnado, y los padres, es constante, por lo que aprendo sin descanso. Realmente, no sabría qué hacer en mi vida sin estas dos ocupaciones. Como contrapartida, la docencia es mucho más agotadora que la escritura.

Desde su experiencia personal, ¿cuáles son los principales problemas de la educación en nuestro país?

La total desconexión de las autoridades que deciden sobre enseñanza en este país con la realidad educativa. No solo existe esa desconexión sino que, además, esta se agrava con los recortes vergonzosos de los últimos años. Para colmo, ningún grupo político es capaz de ponerse de acuerdo para crear un sistema educativo que beneficie a todos, que sea práctico y que estimule al alumno. Solo se preocupan de que sus ideologías y su forma de entender la enseñanza queden bien reflejadas en esas leyes. Me resulta deprimente que en un asunto tan importante solo se miren los intereses de grupo. Para colmo, las leyes elaboradas en los últimos años han restado al profesorado, no solo autoridad, sino también prestigio. Ya en las aulas se presentan más problemas que, en mayor o menor medida, son consecuencia de lo anterior. El fracaso escolar, la desmotivación, familias desestructuradas con dificultades para orientar correctamente a sus hijos, barrios depauperados con cero estímulo para emprender, para tener, al menos, la esperanza de prosperar, algunos profesores sin vocación, o profesores a los que no se les dota de estrategias para atender estas situaciones. Los recortes han hecho un daño muy profundo en la enseñanza que, en general, terminan pagando los profesores válidos que acaban entrando en una espiral de desmotivación.

¿Tenemos un sistema educativo capaz de enfrentarse con éxito a los retos que plantea la sociedad del siglo XXI?

Permíteme contestar preguntando. ¿Es tan distinta la sociedad del siglo XXI respecto a la del siglo anterior? Porque yo no veo tantas diferencias. Esa sociedad, ¿realmente está planteando retos? Si fuera así, no se explica que los políticos sigan siendo reelegidos, porque yo no he visto ningún supuesto reto cumplido. Por otro lado, no debemos olvidar que este sistema educativo que tenemos se edificó en la sociedad del siglo XIX y para un sistema industrial dirigido por la burguesía. Es ese sistema educativo el que seguimos teniendo. Y está obsoleto, caduco. Por supuesto, los gobiernos neoliberales desean que se mantengan, desean que se siga educando en la competitividad (los exámenes son sus pilares), desean que se sigan descartando el fomento del criterio propio o la solidaridad, desean que este sistema educativo siga creando corderos obedientes que no tengan el menor reparo en pisotearse en el mundo laboral con tal de ser los más competitivos, de ser los mejores. Es así. Y en medio de todo eso, un puñado de docentes en todo el mundo, cada vez más, proponiendo nuevos sistemas que se ajustan a las necesidades actuales, porque no se trata de mejorar el sistema educativo, se trata de crear uno nuevo.

¿Qué habría que cambiar de raíz para lograr un sistema educativo moderno y eficaz?

El propio sistema educativo. Eliminarlo. Crear uno desde cero, basado en el fomento de la creatividad, de la solidaridad, de un espíritu emprendedor enfocado hacia el bien común. No es utópico. Los países escandinavos están muy cerca de conseguirlo y no aprendemos de ellos, no interesa. Según una encuesta realizada no hace mucho las grandes multinacionales esperan de sus trabajadores capacidad para adaptarse a los cambios, creatividad y espíritu emprendedor. Nada de eso se contempla, ni de lejos, en el sistema educativo actual, es decir, el del siglo XIX.

¿Qué papel deben asumir los educadores en un nuevo sistema educativo adaptado a la sociedad digital del siglo XXI?

No me gusta el concepto de sociedad digital. Me da la sensación de estar convirtiéndonos en robots. No se trata de los medios con los que se enseñe, sea un pizarra o una pantalla digital conectada a internet con funcionamiento táctil, se trata de los valores que se enseñen, del estímulo que se transmita y se despierte en el alumnado. No se trata de adaptarnos a los adelantos digitales, son estos los que se tienen que adaptar a nosotros. Se han hecho para facilitarnos las cosas, no para dirigir nuestras vidas. Son los profesores los primeros que se deben formar y preparar para ese nuevo sistema educativo digital, que de real, de momento, solo tiene lo digital. Los profesores, en general, estamos muy convencidos de cómo se tienen que hacer las cosas para cambiar el sistema educativo y, de hecho, ya hay unos pocos centros que lo están haciendo. Son los políticos los que no nos dejan; políticos colocados en el gobierno con los votos de los ciudadanos; ciudadanos que exigen resultados solo a los profesores y se olvidan de los políticos. Esta es nuestra triste realidad.

¿Hasta qué punto es importante lograr un consenso educativo? ¿Es posible ese consenso?

No es importante, es vital y, en este país, temo ser pesimista, es imposible. Las dos Españas siguen existiendo. Las leyes educativas son un reflejo de ellas. Me recuerda mucho a la cesantía propia del siglo XIX, cuando entraban los moderados en el poder se cargaban lo que habían hecho los progresistas, y viceversa. ¿Ves? Siglo XIX. Todavía.

¿El cambio educativo exige al mismo tiempo un cambio de modelos sociales, especialmente en lo que se refiere a medios de comunicación e industria del ocio juvenil?

Claro, esa es la cuestión. Si este sistema educativo fue creado por la burguesía en el siglo XIX y la sociedad de hoy en día sigue dirigida y controlada por la burguesía, no bastaría con cambiar solo el sistema educativo. Habría que cambiar también nuestro concepto de sociedad. Pero cambiar el sistema educativo sería un buen comienzo, cierto. Ya sabemos lo que decía Marx sobre la religión, que era el opio del pueblo. Si hubiera levantado la cabeza hace un par de décadas lo hubiera dicho de la televisión y si la levantara ahora lo diría de internet. Y es curioso porque son herramientas todas ellas fantásticas, pero parece que no le estamos dando el uso adecuado. Tengo la sensación de que ese ocio que mencionas está concebido para no hacer pensar, para no hacerse preguntas, para no sentir curiosidad, y la curiosidad, junto con la duda, es la base del conocimiento. Es un ocio, en general, de consumo fácil, de usar y tirar y, sobre todo, y pese a las apariencias, con poca variedad. Los jóvenes de hoy, en especial los adolescentes, tiene un enganche muy fuerte a los móviles. Por supuesto, muchos adultos también, pero los adultos tenemos la referencia de haber vivido sin los móviles. Los adolescentes no cuentan con esa referencia. Ellos nacieron y estaban los móviles, por lo que, ahora, vamos a ciegas respecto al desarrollo de las relaciones sociales. No tenemos ni idea de cómo afectará ese enganche al comportamiento social dentro de veinte años. Pero que está diseñado para enganchar y no pensar, eso no me cabe duda.

Carlos Roncero se definde como un todo terreno de la enseñanza. Es profesor desde hace 21 años e imparte clases de Geografía, Historia e Historia del Arte. Como profesor su principal interés es «que los alumnos sean buenas personas y que duden de todo, en especial de mí.» Su pasión por la literatura le ha llevado a cultivar una importante faceta de escritor con tres obras publicadas hasta el momento:

viernes, 4 de mayo de 2018

Toca aprender lo que guste

http://www.sindeberes.com/asi-es-como-einstein-educo-a-su-hijo/

“En 1999 la revista Time escogió al personaje del siglo XX. … La persona más importante fue Albert Einstein.
La influencia del científico va más allá de su celebre teoría de la relatividad, que cumple cien años. Alguien que acumuló tanta ciencia debió de decir muchas cosas en el campo del aprendizaje, y las dijo. Pasó buena parte de sus días contando su pasión por aprender en ensayo, cartas y conferencias,q ue dejaron un goteo de citas inspiradoras entre las que hemos buceado para aprender a aprender.
“El estudio y en general la búsqueda de la verdad y la belleza, confirman un área donde podemos seguir siendo niños toda la vida” reflexionó en uno de sus textos recogidos por Helen Dukas y Banseh Hoffmann…
Un planteamiento que salpica con frecuencia en sus escritos es el rechazo del aprendizaje como imposición. Einstein estudió siete años en el colegio Luitpold Gymnasium de Munich, donde se aplicaba la memorismo, basado en repetir hasta retener. Frustrado lo abandonó antes de acabar.
escribió en su libro Mi Visión del Mundo.
Einstein abogaba por una enseñanza que favoreciese la individualidad como aporte a la colectividad. “Deberían cultivarse en los indidividuos cualidades para el bien común. Esto no significa que se convierta en un simple instrumento de la comunidad, como una abeja. El objetivo ha de ser formar individuos que actúen con indiependencia y que consideren su interés vital al servicio a la comunidad”.
Sin embargo, qué gana uno cultivándose para servir a los demás? ¿Fama, dinero..? En el mismo libro dice: “tenemos que prevenirnos contra quienes predican a los jóvenes el éxito como objetivo de la vida… El valor de un hombre debería juzgarse en función de lo que da y no de lo que recibe. La tarea decisiva de la enseñanza es despertar estas fuerzas psicológicas en el joven”.
Interesante artículo que puedes leer completo aquí.
Fue un hombre con un montón de citas y teorías sobre educación muy interesantes. Nos hemos quedado con esta idea final sobre juzgar a las personas por lo que dan y no lo que reciben y prevenirnos de educar a los jovenes solo para tener éxito. O lo bonito que sería que los niños vieran aprender como el mejor regalo y no fueran descontentos o sin motivación al colegio!.
En este sentido escribíamos sobre la importancia del fracaso AQUÍ. 
Buen fin de semana!

martes, 1 de mayo de 2018

Matar la curiosidad

* http://webdelmaestrocmf.com/portal/buen-profesor-deber-ensenar-aquello-ama-capaz-abrir-los-ojos-los-aprenden/

jueves, 12 de abril de 2018

Motivo por el cual los jóvenes están desorientados

http://aprendemosjuntos.elpais.com/especial/la-inteligencia-viene-de-serie-o-se-entrena-david-bueno/

David Bueno es un científico rodeado de preguntas: ¿Cómo aprendemos? ¿Cómo piensa un adolescente? ¿Cuál es la mejor edad para comenzar con un segundo idioma? ¿Por qué la música, la plástica y la educación física son tan importantes? Él no quiere dejar ninguna sin respuesta porque como anuncia en su último libro, su pasión es contar todo lo que siempre hemos querido saber sobre el cerebro de nuestros hijos y nunca nadie se atrevió a explicarnos. Profesor de genética en la Universidad de Barcelona, David Bueno explica que la neurociencia ofrece claves que modificarán nuestra forma de enseñar y aprender.
Algunos extractos del artículo, conviene leerlo entero:

* El cerebro es dinámico, no es estático. Está constantemente en flujo, pasando información de un sitio a otro. Esta información puede ser conocimientos, conceptos… Pero, sobre todo, son actitudes y aptitudes. Son las competencias. Saber una cosa porque sí al cerebro no le importa lo más mínimo. Por lo tanto, tiende a no retenerlo o a no retenerlo bien. Lo que le interesa es qué hace con ese conocimiento. Eso forma parte de competencias o de procedimientos. Aprender uno sin el otro, no sirve absolutamente para nada. El cerebro busca mezclar las dos cosas. Y si tiene que elegir, elige antes las competencias que los conceptos por sí mismos. Y tú que te dedicas a la gamificación, la forma natural instintiva… Aprender es un instinto. Tú dejas a un niño solo y aprende. Aprende lo que encuentra a su alcance, pero aprende. La forma instintiva que tenemos de aprender, como especie, es a través del juego. De ahí la gran importancia de la gamificación. El juego es ensayo, el juego es error, el juego es perfeccionamiento, el juego es interacción con el entorno y, muy especialmente, con las demás personas. El juego es posibilidad de equivocarte sin que pase nada. Y aquí está la gran importancia del juego como herramienta educativa. De hecho, la educación en los centros escolares debería ser vivida como un juego. Un juego no significa estar siempre divertidos, siempre riendo. Un juego significa poder ensayar, poder practicar, poderte equivocar libremente sabiendo que después lo vas a hacer mejor y vas a rectificar lo que no funciona. Sin motivación no hay aprendizaje. Y el juego motiva. El hecho de encontrarte ante un reto para el cerebro es un juego: “Tengo que superar el reto”. Pongamos retos a los alumnos, que tengan que decidir. Un juego es decisión. Cuando jugamos a las cartas, tengo que decidir si cambio la carta o la conservo a ver si la mano me sale mejor. Esto es juego para el cerebro, dejar que ellos construyan su propio aprendizaje, que es lo que hace una niña o un niño cuando juegan solos. Deciden qué están haciendo.

 Lo puedo resumir en una sola palabra: horrible. Es horrible limitar las horas de Plástica, Música y Educación Física. Porque precisamente son los aprendizajes más transversales que hay. En primaria, también en secundaria, pero especialmente en primaria el resto de asignaturas deberían construirse encima de la Música, la Plástica y la Educación Física. La Educación Física, por ejemplo, exige coordinación de movimientos. Exige aprender a secuenciar los movimientos. Cuando tú haces cualquier actividad física… Si estás lanzando pelotas a una canasta, si primero sueltas la pelota y después haces así, la pelota jamás llegará a la canasta. Tienes que secuenciar los movimientos. Pues la parte del cerebro que aprende a secuenciar es exactamente la misma que después nos permite secuenciar cualquier actividad de nuestra vida. Saber que primero debemos hacer una cosa y después otra, que al revés no funciona. Por tanto, a través del ejercicio físico estamos entrenando partes del cerebro que van a ser cruciales para leer, para sumar, para cualquier otra actividad intelectual..
No solo eso, el ejercicio físico hace que las neuronas de nuestro cerebro puedan establecer más fácilmente conexiones entre ellas. Es un sistema químico. Se descubrió hace dos o tres años, no más. Pero hacer ejercicio posibilita después poder aprender cualquier otra cosa con mucha más facilidad que si no se ha hecho ejercicio físico. Lo mismo podría decir con la música. La música es una gimnasia cerebral. Es de las pocas actividades que activan todo el cerebro simultáneamente. Más que resolver una multiplicación. No, la música. Debería haber música en todos los niveles. No solo escuchar música, sino tocar música. Un instrumento o lo que sea. Y lo mismo con la plástica. Tanto la música como la plástica apelan directamente a las emociones de la persona. Y las emociones, ya irá saliendo después, son cruciales para aprender cualquier cosa. Por lo tanto, debería ser al revés, montar el currículum en base a esto y añadir luego el resto.

* Lo que sí es importante, que has mencionado, son las emociones. Las emociones son cruciales en cualquier aprendizaje. De hecho, sin emociones el cerebro no recuerda nada. Porque no le importa. Al cerebro le importan las emociones, el resto es accesorio a las emociones. Las emociones son patrones de conducta preconscientes. Es decir, que se generan sin que seamos conscientes de que se están generando, y hasta que no se manifiestan no hacemos consciente, no somos conscientes de esa emoción. Son patrones de reacción rápida. El miedo es una emoción, la alegría es una emoción, el asco es una emoción. Nos permiten reaccionar sin pensar, porque son preconscientes, ante una situación que puede ser una amenaza o una oportunidad para sacar provecho antes que otro. ¿Vale? Y eso es lo que el cerebro valora, la inmediatez que le permite sobrevivir. Sin emociones, nadie sobreviviría. Las emociones se generan en una parte profunda del cerebro. Muy primitiva. Se denominan amígdalas. Pero no son las del cuello. Si a alguien le han extirpado las amígdalas, sigue teniendo emociones. Es una palabra polisémica, significa varias cosas. Como las emociones son cruciales para sobrevivir, cualquier aprendizaje que lleve emociones asociadas, el cerebro lo interpreta como: “Es importante para sobrevivir. Tengo que recordarlo bien por si vuelve a pasar algo parecido, saber qué debo hacer”. Por eso el cerebro almacena muy bien cualquier aprendizaje que lleve emociones. Y el resto, como no es importante para sobrevivir, ¿para qué gastar neuronas recordándolo?

* Pues, la verdad, diré una cosa políticamente incorrecta. Pero luego la desharé. La letra, con sangre puede entrar. Pero es un riesgo, es un peligro, es una mala construcción de la personalidad de cualquier individuo. Antes decía que las emociones son cruciales para los aprendizajes. Pero es un arma de doble filo. El miedo es una emoción. ¿Se puede aprender a través del miedo? ¿La letra, con sangre entra? La respuesta es que sí, siempre y cuando no sea un miedo excesivo que paraliza. Un miedo sutil, miedo a suspender, miedo al castigo, miedo a que los Reyes Magos no me traigan aquello que he pedido y que me hace tanta ilusión. Y eso, que es una emoción, hace que esa persona pueda integrar conocimientos. Pasa que a medio y largo término, el resultado es nefasto. Por lo tanto, jamás hay que educar a través del miedo. Es nefasto porque el cerebro asocia con mucha facilidad aprender a miedo. Y para esa persona, el aprendizaje pasa a ser una cosa que da miedo. Que da temor.

Cuando a esa persona ya nadie le obliga a aprender nada, cuando terminas tus estudios, son personas que no van a querer aprender cosas nuevas en su vida porque, automáticamente, inconscientemente, asocian aprender a miedo. Pero eso es imposible, cada día aprendemos cosas nuevas. Solo con levantarnos, hablar con un compañero, estar con los alumnos, leer la prensa, leer un libro… Cada día aprendemos cosas nuevas. Por lo tanto, van a ser personas con menos calidad de vida porque vivirán su día a día con un cierto temor. El de: “¿Qué va a cambiar hoy?”. Aparte, van a ser personas que no van a querer ser transformadoras de su entorno. Yo creo que una parte muy importante de la educación es formar personas que sean transformadoras. Que se integren en la sociedad, que respeten a toda la sociedad, pero que si algo no les gusta, se sientan capaces de transformarlo por las vías adecuadas de cualquier transformación. Pero claro, transformar significa innovar, significa cambiar, significa aprender cosas nuevas. Por lo tanto, van a ser personas que no serán transformadoras.

En cambio, ¿qué emociones son las que no solo ayudan a aprender, sino que, además, generan personas que a medio y largo término sí van a querer ser transformadoras, no les va a dar el miedo el cambio, la innovación, el aprender a aprender, esto que está tan de moda? Pues una es la alegría. La alegría es una emoción que se transmite socialmente. El miedo es individual: “Yo tengo miedo, los demás no sé”. La alegría la manifestamos para ser transmitida socialmente. No es risa. La alegría es esta cara con una boca relajada, los ojos algo más abiertos de lo que es habitual, sin tensión, que transmite a las demás personas: “No hay nada que temer. Yo no represento ningún peligro para vosotros. Vosotros no representáis ningún peligro para mí. Por lo tanto, podemos confiar unos en otros. Podemos crecer conjuntamente”. Aprender a través de la alegría significa aprender con confianza. Y aquí está la gracia de la alegría.

Y hay otra emoción tan importante como la alegría para los aprendizajes y es la sorpresa. Las amígdalas de las que hablaba antes son las que detectan si una situación es una amenaza. Miedo, ira para defendernos. O es una oportunidad. Pero ¿qué pasa si la situación no sabemos cómo interpretarla? Se activa la emoción de sorpresa. La sorpresa es: “No sé qué es”. La sorpresa tiene muchas ventajas. La primera es que para responder a la sorpresa se activa otra zona del cerebro al lado mismo de las amígdalas, que se llama tálamo, el centro de la atención. La sorpresa incrementa la atención. ¿Por qué? Porque si no sabemos qué es, hay que estar atentos para ver qué es. Y sin atención no hay aprendizaje o es mucho menor. Pero no solo eso. El tálamo, esta estructura del cerebro, no solo forma parte del sistema de atención, sino de otro sistema más amplio, junto con otras zonas, que es el sistema de la motivación. Y la motivación es crucial en cualquier aprendizaje. Sin motivación tampoco hay aprendizaje posible. O es mucho menor. La motivación necesita también su pequeño apunte. La motivación no es nada más que un aporte extra de energía al cerebro en forma de glucosa, que es lo único que come el cerebro. Y oxígeno, para poder quemar la glucosa para generar energía. Pues la motivación es un aporte extra de glucosa y oxígeno que permiten al cerebro funcionar con más eficiencia y durante más tiempo. Por eso una persona motivada puede trabajar mucho rato sin cansarse. Al final le viene todo el cansancio de golpe. Claro, ha consumido mucha energía y su cuerpo le debe hacer saber que ahora toca descansar un rato. Pero una persona sin motivación está cansada antes de empezar. ¿Por qué? Porque no tiene energía ni para empezar a hacer nada. He ahí la importancia de la sorpresa, atención, motivación. Y otro aspecto más: La motivación es placentera. Como hay más energía, el cerebro funciona holgadamente y eso nos genera placer, sentimiento de recompensa. Lo que hace que todo lo que aprendas en este circuito el cerebro lo valore como algo positivo. Una recompensa, algo que da placer. Estas son las dos emociones clave para el aprendizaje: Alegría, confianza y sorpresa, atención, motivación, placer y recompensa.

*  Sí, es cierto. Los currículums lo compartimentan todo porque es la forma fácil de hacerlo. Y la vida no es compartimentada. Jamás hacemos una cosa aislada del resto del mundo. ¿Cómo hacer un aprendizaje más contextualizado o más transversal? Lo primero sería flexibilizar los horarios. ¿Por qué una hora de mates, una de lengua y una de ciencias? Mezclémoslos. Mezclémonos los profesores, mezclemos a los alumnos, y que se trabaje de forma paralela.

Antes hablaba del ejemplo de sumar manzanas y después te las comes. Llevado a alumnos de más edad, de una secundaria. ¿Por qué, por ejemplo, no estudiar el movimiento parabólico en Física junto con el profesor de Educación Física? Bajas al patio… Ese día, en vez de tener el móvil apagado, todos con el móvil encendido y grabando. Haces tiros libres a canasta. Es un tiro parabólico. Lo grabas, a cámara lenta lo reproduces, y con el movimiento y sabiendo el peso de la pelota y la gravedad, puedes calcular qué fuerza ha hecho el que ha metido la pelota en la canasta, el que no… Esto es más contextualizado. Porque no vamos por el mundo calculando tiros parabólicos balísticos de un proyectil que jamás en tu vida has visto y no vas a tirar. Por suerte. En cambio, una pelota o una canasta sí, lo has hecho muchas veces y lo vas a continuar haciendo.

El trabajo cooperativo, que es el que se suele usar, el más útil en un proyecto, es crucial para el cerebro. El cerebro, decía, integra muy bien todo aquello que activa muchas áreas del cerebro. Estar en sociedad, estar con otras personas, activa prácticamente todo el cerebro. Lo activa prácticamente todo porque es lo más exigente. De hecho, estar con otras personas es lo que más energía consume. Tienes que estar pendiente de los demás, de sus intenciones, de sus emociones, su estado emocional, de qué te pueden aportar a ti para sacar provecho, de qué puedes aportar tú. Porque si no aportas nada, te echan. De mantener tu individualidad pero, al mismo tiempo, integrarla en un colectivo. El trabajo cooperativo incluye todo esto. Permite almacenar mejor… No más datos, sino más calidad de los datos que almacena. Aquí viene otra discusión interesante: cantidad de información versus calidad. Tenemos que priorizar la calidad de la información. Pasa que el trabajo cooperativo también tiene que entenderse bien. Trabajar cooperativamente no es todos alrededor de una mesa haciendo lo mismo. Esto es todos alrededor de una mesa haciendo lo mismo. El trabajo cooperativo es: Todos nos planteamos un objetivo común y cada uno aporta una parte ligeramente diferente solapada, complementaria a la de los demás. para alcanzar ese objetivo común. Eso hace que cada uno se sienta partícipe, se sienta integrado, se sienta responsable, y valores a los demás, porque si alguien falla ese objetivo no se alcanza de la misma forma.

sábado, 7 de abril de 2018

¿Está Magisterio preparado para formar a los profesores del futuro?

http://www.centrodedebate.es/esta-preparado-magisterio-para-formar-a-los-profesores-del-futuro/

LA HERENCIA TEÓRICA EN LA FORMA DE ENSEÑAR Y LA FALTA DE INNOVACIÓN POR PARTE DE LAS FACULTADES SON ALGUNOS DE LOS FRENOS

Ya existe un boceto de cómo será la escuela en el año 2030. Los conocimientos académicos ya no serán tan importantes y se valorarán mucho más las habilidades personales, la capacidad de empatizar con los demás o de tomar decisiones. El rol del profesor ya no será el de transmitir sus conocimientos al alumno, sino el de actuar como guía para que el propio estudiante construya los contenidos a partir de diferentes fuentes. Los métodos de enseñanza tendrán como base la creatividad y la metodología será cada vez más personalizada. Cada niño aprenderá según sus necesidades.

Ese es el escenario descrito por 1.550 profesores, estudiantes y responsables políticos en materia de educación de la organización WISE (la Cumbre Mundial por la Innovación en Educación, en sus siglas en inglés), creada en 2009 por la Fundación Qatar. Según las encuestas La escuela en 2030 (2014) y Conectando la educación con el mundo real (2015), el principal desafío al que se enfrentan los sistemas educativos en diferentes países del mundo es la calidad de los profesores. Según los expertos de WISE en España, el aprendizaje basado en proyectos es uno de los mayores retos para la escuela tanto en primaria como en secundaria.

¿Está preparado el grado de Magisterio para formar a los futuros profesores de acuerdo con esos cambios? Hasta la fecha no hay estudios que respondan a esa pregunta. Lo más cercano a la realidad son las opiniones de algunos docentes universitarios de diferentes campus españoles.

Carmen Alba, profesora de la Facultad de Educación de laUniversidad Complutense desde 1987, cree que muchas de las clases que se imparten hoy se parecen a las de hace 20 años. “Tenemos una herencia muy teórica. Puede haber profesores más pragmáticos, pero no sabemos si los alumnos están aprendiendo o no métodos más innovadores”. Considera que el plan de estudios de los grados en Maestro en Educación Infantil y Primaria -nombre de la carrera de Magisterio tras la llegada del Plan Bolonia– tiene dos grandes lagunas: la competencia digital y la formación en atención a la diversidad. En su universidad ninguna de esas materias es obligatoria. “Todo maestro tendría que ser alfabetizado en cultura digital y es una asignatura optativa. Además, los niños tienen diferentes velocidades de aprendizaje y esa competencia no se está trabajando”, explica.

Entre los casi 300 profesores de los grados de Educación que se imparten en la Complutense, muchos están liderando proyectos de innovación docente, pero el principal freno, sostiene Alba, es que no existe un proyecto impulsado por la Facultad. “Para que las cosas cambien hace falta que se lance un plan estratégico desde la propia institución y que ésta defina qué tipo de profesor quiere formar”. Por el momento, existe una comisión de calidad para cada uno de los títulos, pero solo evalúa si los contenidos se ajustan a la normativa y no la forma en que se enseña a los alumnos. “La evaluación tendría que ser de carácter pedagógico y no tan burocrática”, critica Alba.

En la cafetería de la Facultad, tres alumnos de tercero del grado en Educación Primaria lamentan que las clases sigan el sistema tradicional. “No te dan ganas de venir, cada profesor se centra en dar su asignatura y no se preocupan de que aprendas a dar clase. Es todo muy monótono, una repetición de lo que ya dimos en el instituto”, cuenta María Iturzaeta, de 21 años. En dos meses de prácticas ha aprendido más que en los casi tres años de carrera. “No utilicé nada de lo que he aprendido aquí”.

Su compañero Álvaro Ballesteros, de 24 años, cree que el profesor sigue estando en un pedestal y que los alumnos solo escuchan. “Hay muy pocos profesores que hablen de la necesidad de innovar y de darle la vuelta a la enseñanza. Las asignaturas de didáctica, que son las que más nos interesan, son muy teóricas”. “Te hacen memorizar papeleo”, añade Daniel Figueras, otro estudiante de 21 años.

Para David Reyero, profesor del grado en Educación Infantil de la Complutense desde hace 16 años, el problema de la innovación educativa en el sistema público es que no se tiene claro qué tipo de escuela se quiere. “A diferencia de lo que sucede con la privada, que está en continuo cambio para atraer a nuevos alumnos, aquí no hay presión externa que obligue a salir de lo que se está haciendo”. La Universidad es, en su opinión, un elefante que se mueve de forma muy lenta, casi por inercia, al que le falta conexión con los colegios para conocer qué necesitan. “Esa es una de las líneas que habría que potenciar, analizar lo que está sucendiendo en las aulas para modificar el programa académico de los grados”.

Lo que está claro, según los expertos consultados, es que el sistema educativo está agotado y no da más de sí. “La escuela tradicional es un aburrimiento y por eso hay tanto fracaso. En las pantallas los niños están aprendiendo de forma autodidacta y luego llegan a clase y chocan contra un sistema decimonónico”, apunta Mariano Fernández Enguita, profesor de la Complutense.

En su libro La educación en la encrucijada, señala que la baja exigencia en las facultades de educación contribuye a la poca preparación con la que salen los profesores. “Los estudiantes de Educación se gradúan con la nota media más alta de los ocho grandes grupos de titulaciones (7,57 frente al 7,36 medio), mientras que su nota media de acceso está por debajo de la media (en 2013 fue de 7,5 para Infantil, por debajo del 8,37 del resto de grados). Hay dos interpretaciones: las facultades de Educación son las más eficaces o son menos exigentes”, señala.
FALTA DE REFLEXIÓN EN LA UNIVERSIDAD

“El problema somos nosotros, que no tenemos competencias para formar a los docentes del futuro”, asegura Nines Gutiérrez, coordinadora del grado en Educación Primaria de la Universidad Autónoma de Madrid. “Vamos siempre detrás de lo que dicta la industria en lugar de fijar las reglas desde las universidades. Empresas como LEGO lanzan un robot y en los colegios se crea la asignatura de robótica para enseñar a los niños a programarlos”. Está claro que la programación fomenta la creatividad y ayuda a estructurar la mente, sostiene Gutiérrez, pero la reflexión de qué tipo de profesor y enseñanza se quiere debería nacer en la Universidad. “La Administración elaborarankings de las mejores universidades, pero ¿qué se hace con esos resultados? No se analizan los errores para intentar mejorar”.

Con el objetivo de acelerar el proceso de cambio educativo y crear nuevas propuestas didácticas y metodológicas para la enseñanza universitaria, la Universidad Rey Juan Carlos lanzó hace casi un año elObservatorio para el estudio y desarrollo de innovaciones en el ámbito educativo, en el que ya participan 60 docentes de diferentes especialidades. “La sociedad ha evolucionado mucho y la educación no. La clave está en las facultades de Magisterio y pese al problema del corsé legal para la configuración de los grados, la innovación es nuestra responsabilidad”, apunta Pilar Laguna, directora del Observatorio.

La clave es involucrar a docentes en investigaciones ligadas a la innovación y llevar los resultados a las aulas para que los alumnos participen en el cambio de paradigma educativo. En septiembre de 2015, el porfesor de la URJC Jesús Paz-Albo inició junto a investigadores de la Universidad de Washington un estudio para mejorar el rendimiento de los estudiantes en el aprendizaje de matemátcas. Sus alumnos del grado en Educación Primaria e Infantil están a punto de conocer las técnicas para conseguir que los niños se motiven al aprender con números. “Estamos trabajando con colegios en Estados Unidos y esa experiencia nos hace tomar conciencia de lo que pasa en las aulas. Hay que modificar la forma de enseñar, si no seguiremos teniendo los mismos resultados”. El primer paso es, según este equipo de investigadores, conseguir un cambio de actitud en el profesorado.
EL PAÍS