Dedicado a tod@s l@s niñ@s del mundo

El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender (Montaigne)

miércoles, 14 de febrero de 2018

El sueño y los adolescentes

http://www.eldiario.es/nidos/Deja-dormir-adolescente-consentirle-necesita_0_738426951.html

Al hablar de sueño siempre ponemos el foco en el descanso de bebés y niños (y es importante). Pero es el descanso de los adolescentes el que más debería preocuparnos, ya que es la única etapa de la vida en la que los ritmos del sueño cambian. Lo hace por una cuestión puramente física. Así que si tu hijo adolescente no quiere dormir antes de las doce de la noche y madrugar le supone un esfuerzo tremendo, no es porque sea vago o desobediente, es que el cuerpo se lo pide.

El descontrol hormonal que sufren durante este periodo es clave. La producción de melatonina (que regula los ciclos del sueño) se retrasa dos horas en la adolescencia, por lo que la sensación de sueño no aparece hasta después de las doce de la noche. De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, esta alteración se mantiene desde los 12 años hasta los 20, aproximadamente. "Y no sólo es el horario, también aumenta el número de horas que necesitan dormir: entre 9 y 10; mientras que a un adulto o a un niño le llega con 7", añade Jesús Martínez, pediatra asociado al Colegio de Médicos de Madrid.

El último informe publicado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria recoge que el 75% de adolescentes españoles reconoce que necesita dormir más todos los días. Pero no pueden. Los horarios escolares son la principal razón, según los expertos consultados, por la que arrastran sueño toda la semana. No se ajustan a sus ritmos biológicos; de media, las clases de secundaria en nuestro país comienzan a las 8 de la mañana. "Esto les obliga a levantarse dos horas antes de lo que deben, no rinden en el colegio y las primeras clases son desastrosas", afirma el pediatra.

Si duermen una hora menos de la necesaria cada día, explica, llegan al viernes con una pérdida de sueño de cuatro horas. Y aunque hayan dormido ocho el día anterior, es como si hubiesen dormido sólo cuatro. Este fenómeno es conocido por los expertos como "privación crónica del sueño", y el resultado es una somnolencia excesiva diurna que los chavales tratan de combatir con estimulantes que contienen cafeína, con lo que agravan su dificultad para conciliar el sueño en las horas adecuadas. No es la solución.

¿Debemos entonces dejarles dormir toda la mañana los fines de semana (si quieren)? "Sí, es lo recomendable porque, insiste, el sueño se acumula y llegado cierto momento, hay que reiniciar". Juan Díaz-Morales, psicólogo diferencial y coautor del estudio La matutinidad/vespertinidad en la transición de educación primaria a secundaria, habla de "jet lag social" en estos adolescentes que siguen la costumbre de dormir poco los días de instituto y mucho los sábados y domingos.

Es comparable al jet lag del viajero cuando atraviesa varios husos horarios: la tendencia a la vespertinidad (marcada por el reloj biológico) entra en conflicto con el adelanto de la hora de entrar al instituto (fijada por el reloj social). La investigación en la que ha participado ha concluido que este fenómeno está relacionado con un peor rendimiento académico y cognitivo. "Una situación que se agudiza en el caso de las chicas, porque entran antes en la pubertad", concluye.
Los móviles y ordenadores también roban el sueño

Si los horarios escolares les roban horas de sueño por la mañana, los dispositivos digitales lo hacen por la noche, y son la segunda causa que los expertos atribuyen a la falta de descanso en la pubertad. Aquí, de nuevo entra en juego la melatonina: la luz emitida por las pantallas inhibe la secreción de esta hormona porque mantiene al cerebro en estado de alerta. Algo que no sucede cuando lees un libro (al niño pequeño, de hecho, se le cuenta un cuento para relajarle) y se crea un ambiente de tranquilidad. La luz azul que desprenden le dice a nuestro cuerpo que no puede relajarse, y es imposible que aparezca la sensación de sueño justo después de apagarla.

El mal uso de los aparatos digitales tiene que ver, según un estudio elaborado por el Hospital Universitario Dexeus de Barcelona, con el cambio en la dinámica familiar que se produce cuando los hijos llegan a la adolescencia. "La gran mayoría de adolescentes dispone de un espacio para ellos solos, su habitación, donde normalmente tienen su ordenador, televisor, teléfono…". El estar refugiados en este espacio, concluye, les lleva a desconectar de los horarios que se siguen en la casa para mantener un buen ritmo de vigilia. A ello hay que sumarle la rebeldía espontánea que caracteriza a la pubertad y que les hace rehusar de forma sistemática a todos los consejos que se les dan.
Trabajar sin descanso, una exigencia social

Hoy se relaciona a menudo el descanso con la falta de rendimiento. Numerosos estudios ya han demostrado que los hombres y mujeres contemporáneos están obsesionados con "aprovechar el tiempo", entendiendo esto como una obligación de permanecer continuamente en activo. Una tarde de sofá nos hace sentir unos despojos. En este sentido, el sociólogo José Luis Barceló confirma que "la sociedad nos ha creado una ansiedad con eso de llegar muy lejos, que se confunde a veces con un esfuerzo mal entendido en el que se excluye el descanso". "Dormir forma parte de nuestros ciclos vitales, como el comer, o el entretenerse, son necesarios para nuestra reposición, de lo contrario se ven afectados nuestra salud y rendimiento".

La cultura del esfuerzo (mal entendida) tan arraigada en la población adulta lleva, en opinión de Barceló, a muchos padres "a introducir a los hijos el veneno de tener que hacer muchas cosas para prosperar. Se les atosiga con actividades extraescolares que pueden aportarles menos que jugar en la calle con sus amigos y, luego, descansar". En este sentido, la Academia Americana de Pediatría concluía en un informe publicado en 2014 que el hecho de mantenerlos tan activos durante todo el día les ayuda a continuar despiertos cuando tienen que dormir.

Jesús Martínez pone como ejemplo "un coche que va muy acelerado y necesita un tiempo para detenerse del todo desde que se pisa el freno". Si queremos que nuestro cuerpo sepa que necesitamos descansar debemos mandarle las señales adecuadas y crear una atmósfera de tranquilidad. Un sinfín de tareas, tabletas, móviles, ordenadores y televisores no contribuirán al sueño… Mucho menos a un adolescente con las hormonas del sueño revolucionadas.

domingo, 11 de febrero de 2018

Escuela y capitalismo

* http://m.eldiario.es/norte/euskadi/escuela-engranaje-capitalismo-educa-busque_0_738426703.html


Christian Felber (Salzburgo, Austria, 1972) tiene claro que el sistema educativo actual se ha convertido en un engranaje más de la máquina capitalista porque "educa para que cauno busque el éxito por encima del otro". Felber, profesor universitario, activista y cofundador del movimiento ATTAC en Austria, desarma en su último libro 'Por un comercio mundial ético' el paradigma del libre comercio y propone otro: el del comercio ético. Ferviente defensor de la democracia soberana directa, el profesor reflexiona sobre los valores que deberíamos anteponer a la "obsesión por el crecimiento de la actividad económica". Felber defiende un cambio radical en el modelo económico y en lo que se conoce como  la economía del bien común aboga por sustituir el Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la justicia social, la dignidad humana o la sostenibilidad medioambiental. 
La ciencia económica se ha deslizado hacia el capitalismo. ¿Está equivocada?
Está equivocada de contenido y de nombre. El enfoque predominante actual es el de los objetivos financieros, el beneficio…De hecho, no es ciencia económica, sino ciencia crematística. La economía debe tratar, en primer lugar, de la felicidad y el bienestar de las personas, del bien común. Y el dinero solo debe ser un medio para ello. Pero si el medio se convierte en el fin, por definición ya no es economía, sino capitalismo. La economía de verdad pondría todos sus activos en el bien común.
En la actualidad, se mide el éxito de la sociedad se mide de acuerdo al éxito de la empresa, pero teniendo en cuenta valores como la competitividad y no la ética.
Es el dominio del capitalismo. Es algo anticonstitucional. Repasando las constituciones de los países democráticos hay unanimidad en que lo importante es el bien común, el bien general y explican que el capitalismo es un medio para conseguir ese fin. Y yo me pregunto entonces: ¿Dónde está el balance del bien común que es obligatorio para las empresas?
Lleva predicando por el bien común desde hace años. Cuando echa la vista atrás. ¿qué sensación le queda?
Es una cuestión de tiempo regular el capitalimo y encaminarlo hacia el bien común. Pero es algo que no sé si lo podremos conseguir en los próximos tres o 30 años. Hago lo que hago porque me parece justo, correcto y me da libertad para comprometerme por los valores que considero apropiados. No es el éxito a corto plazo lo que me guía ni me motiva.
¿Se trata de ganar menos dinero?
Los ricos son los que tienen que ganar menos, pero los pobres sí deben consumir más. Hay que repartir los recursos de la tierra de una forma equilibrada entre todos sus habitantes. Es un derecho humano ecológico. Cada vez que realizamos una compra habría que abonar un precio ecológico al igual que un precio financiero. Al igual que nos damos cuenta cuando la cuenta financiera está vacía, si también hay una cuenta ecológica vacía nos preocuparíamos. La idea es que aquellos que hoy se están pasando ya no tendrían capacidad de compra ecológica. Pero los que consumen menos de lo que es posible pueden consumir más.
¿Qué lecciones se han extraído de la crisis?
Desde China a Estados Unidos, la desigualdad es excesiva, pero no veo ningún parlamento del mundo que la limite. En cambio, sí que hay parlamentos regionales que caminan en esa dirección. Por eso hemos propuesto que sean los ciudadanos soberanos los que tomen la decisión de terminar con la desigualdad. Su deseo es que como mucho haya una diferencia de 10 a 1 entre el que más cobra y el que menos. En las cuestiones de limitación de poder, la democracia indirecta fracasa. Para eso hace falta la democracia directa.
La democracia directa no reemplaza a la indirecta. Solo añade un elemento más, dando a los ciudadanos el derecho de cambiar o, incluso, vigilar la Constitución
Los políticos tienen miedo a esa fórmula.
No todos. Es una cuestión de tiempo. La democracia directa no reemplaza a la indirecta. Solo añade un elemento más, dando a los ciudadanos el derecho de cambiar o, incluso, vigilar la Constitución.
Parece que la educación también se ha contagiado de los valores del sistema capitalista, promocionando solo a los mejores.
El problema empieza con la ciencia económica, que no enseña las alternativas. Hay un pensamiento único, por eso es una ideología. El problema es que en la escuela primaria y secundaria en lugar de educar a seres humanos autónomos, con voz propia, con competencias democráticas, emocionales y de comunicación la tendencia es producir engranajes para la máquina capitalista.
¿Cómo se puede cambiar?
Los afectados son los que tienen que intervenir directamente en el sistema educativo. El único que no está afectado es el Ministerio de Educación y es el que precisamente se encarga de diseñarlo todo. En la democracia soberana serían los padres, los estudiantes, los profesores y algunos agentes más los que diseñarían las pautas del sistema educativo. Seguro que no se planteaban producir engranajes para el sistema educativo, sin empoderar seres humanos autónomos.
La escuela fomenta la competitividad en la peor acepción del término.
En latín la palabra competencia significa buscar juntos, pero la escuela está educando para que cada uno busque el éxito a costa del otro. Justo al contario de los valores constitucionales, que son la solidaridad y la cooperación.
En su último libro ‘Por un comercio mundial ético’, se pregunta cómo ha podido el libre comercio convertirse en la religión de nuestra era.
Trato de demostrar que el libre comercio extremo está destrozando todos nuestros valores. Lo podríamos llamar comercio neurótico, pero no libre. El comercio ético es una alternativa porque considera al comercio como un medio para servir al bien común. Las empresas cuando quieren acceder al mercado mundial ético tienen que presentar un balance del bien común, en qué medida sirven a los derechos humanos, al distribución justa, al medio ambiente….Cuanto peor son estos parámetros menos libre resulta el comercio. Los productos tendrían que mostrar toda su trayectoria, desde dónde se fabrican hasta los impuestos que la empresa paga. Todo eso se evalúa y la puntuación que se obtiene del bien común lleva a aranceles e impuestos diferenciados a las empresas o la prioridad en la contratación pública.
Algunos países propugnan el libre comercio, pero defienden con firmeza el proteccionismo.
Proteccionismo es un término equivocado. Podría significar protección de industrias jóvenes, tecnologías delicadas encaminadas al bien común, pero no es así. Pero el proteccionismo se ha convertido en un fin en sí mismo. Es un extremo que no tiene sentido. Tanto el libre comercio como el proteccionismo adolecen de los mismos excesos. El comercio puede ser beneficioso y la protección también, pero el comercio en sí mismo no es una finalidad, como tampoco lo es el cierre de las fronteras.
Nadie parece dispuesto a regular el poder de las empresas transnacionales.
La fuerza de esas empresas radica en que ni los gobiernos ni los parlamentos están dispuestos a limitar su poder. Seguro que los ciudadanos soberanos lo harían sin vacilar, pero no tienen esa capacidad porque carecen de derechos. Y eso de la democracia representativa a menudo no funciona.
¿La globalización es buena o mala?
Es un medio. A veces, mercados globalizados pueden aportar ventajas, pero lo más importante es tener una economía local o regional estable, resistente y democráticamente controlable. Después podremos ampliar relaciones internacionales. Abrir las fronteras al máximo puede tener efectos nefastos, que pueden ir desde la erradicación de industrias regionales hasta la corrupción total y el acaparamiento regulador de los parlamentos.
¿La figura del arancel es mala por sí misma?
Puede ser neutral, lo mismo que el interés o el impuesto. Ningún economista dirá que el impuesto es malo de por sí. Son herramientas de la política económica. El arancel es un instrumento para encauzar y dosificar las relaciones comerciales. A veces queremos más comercio porque ayuda al bienestar de las personas, pero en otras ocasiones un exceso de comercio puede perjudicar. Para que un país no se cierre a las importaciones y promueva sus exportaciones obteniendo un superávit, un comercio ético se obligaría a balances equilibrados y no se aumentarían los aranceles. El límite es no obtener un superávit comercial a costa del otro.

lunes, 5 de febrero de 2018

Las extraescolares son un espacio de desigualdad por excelencia

http://www.eldiario.es/catalunya/profesora-monitor-entrenador-coordinan-educan_0_735626746.html


"No te puedes pasar las tardes tumbado en el sofá jugando a videojuegos, apúntate a clases de baile si tanto te gusta". Esta frase se la espetó hace unos meses a Aleix Martín, de 14 años, su tutor en el instituto Marta Estrada de Granollers. A Aleix siempre le había gustado bailar, relata, pero nunca se había planteado en serio que pudiera acudir a clases de danza urbana. Con ese consejo, su tutor consiguió ese día salvar la barrera que separa a menudo los centros escolares del universo educativo que los rodea y al que a menudo dan la espalda. 
¿Por qué hay jóvenes que acuden a actividades extraescolares y otros que no? Una alianza de 34 entidades sociales catalanas, sumada a una docena de municipios, ha lanzado una iniciativa para conseguir que todos los jóvenes tengan acceso a las oportunidades educativas que suceden más allá de las escuelas e institutos. "Las extraescolares son un espacio de desigualdades por excelencia", asegura el pedagogo Carles Barba, responsable de esta iniciativa que lleva por nombre Educació 360, y que también pretende conectar la vida de los centros escolares con las actividades educativas que tienen lugar fuera de ellos. 
Los impulsores consideran que el factor económico -la mayoría de extraescolares son de pago- es determinante para explicar por qué los hijos de las clases bajas acuden menos, pero también alertan que hay otros motivos. "Intervienen elementos sociales y culturales de las familias, y también territoriales, porque en un pueblo pequeño no hay las mismas posibilidades que en una ciudad", observa Barba. 

El doble de oportunidades para las clases altas

La crisis económica y la pérdida de poder adquisitivo en los hogares ha pasado factura a la participación de los niños en actividades al salir de clase. El número de jóvenes que participa en extraescolares no deportivas cayó de un 44,8% a un 33,5% entre 2010 y 2015, según el   Anuari de la Fundació Jaume Bofill de 2016. Este descenso afectó sobre todo a las clases bajas, que de media llevan a sus hijos un día a la semana a actividades deportivas y un 0,2 a actividades no deportivas. Los de clases altas los llevan 2,5 y 1,1 días a la semana, respectivamente.
El reverso de estas cifras es el tiempo que pasan mirando la tele y jugando a videojuegos. Mientras el 50% de los niños de clase baja dedican dos o más horas al día a estas actividades sedentarias, entre las clases altas el porcentaje ronda el 30%.  
Todo ello, además, puede tener un impacto en el rendimiento escolar de los alumnos. El sociólogo de la Universidad de Vic Jordi Collet, especialista en políticas educativas municipales, apunta que "la diferencia de resultados de inglés de los alumnos cuando acaban Primaria no se explica sin las horas de extraescolares, igual que el nivel de excelencia de algunas privadas comparado con el de algunas públicas también tiene que ver con las horas de refuerzo fuera del colegio". 
Collet alerta, sin embargo, que no solo a base de becas se puede conseguir que todos los jóvenes se apunten a extraescolares. "La barrera más clara es si es gratis o no, pero existen otras de carácter cultural, como  por ejemplo si una determinada familia cree que el conservatorio de música de su ciudad es para sus hijos", expone. 

Conectar la escuela con lo que sucede afuera

Si el tutor de Aleix le recomendó que se apuntara a clases de baile no fue por casualidad. Es porque en Granollers, uno de los 12 municipios que Educació 360 plantea como modelo, los institutos tienen el encargo de hacer de prescriptores de actividades extraescolares para sus alumnos. "A menudo los adolescentes no participan en actividades culturales o de ocio porque no las conocen", valora Andrea Gilart, coordinadora de las extraescolares municipales.
De hecho, reconoce que esta iniciativa la pusieron en marcha cuando se encontraron que con la implantación de la jornada intensiva en la ESO, "cada tarde había grupos de jóvenes sin hacer nada en las plazas". Instaurado en plena crisis, el horario escolar compactado en España mandó a miles de jóvenes a sus casas entre las 14 h y las 15 h sin pensar a qué dedicarían la tarde ni si habría alguien en casa. 
Gilart se pasea ahora periódicamente por los 11 institutos de Granollers para explicar a los jóvenes las actividades que realizan desde el Ayuntamiento, desde danza urbana a talleres de bici o fotografía, todas ellas a precios públicos (entre 15 y 25 euros). También hace de enlace entre los monitores de los talleres y los profesores del instituto. "A los profesores les resulta útil saber cómo les va a sus alumnos en estas actividades, si se implican, si se les da bien, porque esta información les puede hacer modificar sus planteamientos en clase", comenta.
La Alianza Educació 360 aspira a convencer a las distintos agentes educadores de la importancia de tener un proyecto común. "Lo que pasa en el comedor escolar o en la escuela de música, espacios a veces concebidos como servicios de conciliación, debe incorporarse en los proyectos educativos de los centros", reivindica Barba.
Es por ello que las entidades impulsoras representan a distintos agentes educativos. Al frente están la Fundación Jaume Bofill, la  Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica de Catalunya y la Diputación de Barcelona (que coordina como administración local a los distintos municipios que participan, algunos del tamaño de l'Hospitalet de Llobregat, Sabadell o El Prat de Llobregat). Otras entidades son la federación de AMPA de Catalunya, asociaciones juveniles 

El papel de la Administración local

En la alianza Educación 360 participan varios ayuntamientos, pero no la principal administración educativa de Catalunya: la Generalitat. Sin embargo, sus impulsores no esconden que uno de sus objetivos es que sea la Administración la que asuma políticas propias para favorecer que las extraescolares lleguen a todos. "El departamento de Enseñanza debería ampliar su mirada sobre la educación más allá de lo reglado e incorporar políticas que ahora están demasiado fragmentadas entre departamentos de Bienestar, Cultura o Deportes", sostiene Barba. 
Mientras tanto, esta podría ser una oportunidad para los ayuntamientos para asumir un liderazgo en educación. "A menudo los municipios solo pueden hacer dos cosas en educación, asumir la conserjería y la limpieza de las escuelas –que son de propiedad municipal– o hacer planes contra el fracaso escolar", se lamenta Collet, que considera que los ayuntamientos pueden tener mucho más conocimiento de lo que ocurre en un instituto que la Administración central, que gestiona desde Barcelona más de 3.000 centros educativos. 

jueves, 1 de febrero de 2018

miércoles, 31 de enero de 2018

Si los padres no castigamos ¿Qué hacemos?

http://www.eldiario.es/nidos/padres-castigamos-hacemos_0_732127473.html


Ante conductas "retadoras", como tirar o romper cosas, el psicólogo Alberto Soler recomienda transmitir cuáles son las consecuencias: "Lo que se tira se recoge y lo que se rompe se arregla o se repone" 
Todos los expertos consultados afirman que nunca se debe ignorar o abandonar a un niño ante una pataleta ni hacerle sentir rechazado o castigarle


Bilbao prevé ser Ciudad Amiga de la Infancia de Unicef en 2018


Disciplina positiva, educación respetuosa, crianza con apego... Desde diferentes corrientes educativas o de crianza crece el consenso en apostar por una educación alejada de imposiciones, coacciones, chantajes, gritos o castigos. Van quedando atrás el "si no te lo cenas te lo desayunas", el "porque lo digo yo" y, por supuesto, la zapatilla voladora. Pero en un día a día marcado muchas veces por las prisas y el estrés surgen las dudas. Sabemos lo que no deberíamos hacer, pero, ¿conocemos las alternativas frente al conflicto?
Para el psicopedagogo y especialista en mediación de conflictos César de la Hoz, aunque no existe una guía ni una fórmula universal para educar bien o mal, gestionar las crisis con niños y adolescentes comienza por entender que "la educación es un proceso que empieza desde que el niño tiene un día". Por eso cree que es básico "anticiparse" en la medida de lo posible y trabajar de manera temprana en la definición de normas, roles y rutinas dentro de cada familia. Se trata de acompañar a los niños en su aprendizaje para que entiendan lo que puede o no elegirse y sepan, en general, "a qué atenerse" de manera que, de darse una situación de crisis, esta pueda afrontarse sin recurrir al castigo.


A pesar de este ideal, de la Hoz cree que no hay que tener miedo a hablar de límites y, llegado el caso, de sanciones "entendidas siempre como la consecuencia de un acto o comportamiento inadecuado". Lo importante es, recalca, que no se recurra nunca a ellas como primera opción ni con el ánimo de hacer sufrir sino únicamente de manera puntual, razonada y muy definida y acotada en el tiempo para responder a una conducta o acción concreta que es importante cambiar, teniendo en cuenta siempre además el perfil del niño. "Los niños necesitan unos límites que tienen que ver con que vivimos en una sociedad en la que hay que tener en cuenta a los demás", afirma.
En este sentido, Alberto Soler, psicólogo autor del libro Hijos y Padres Felices y del videoblog Píldoras de psicología, se refiere a los premios y castigos como fenómenos que forman parte de la naturaleza y, desde ese punto de vista inevitables –una sonrisa como refuerzo positivo, un enfado ante una mala conducta–. Ahora bien, prefiere hablar de las consecuencias concretas agradables o desagradables que se derivan naturalmente de una acción –si no comes tendrás hambre– o que un adulto propone desde la lógica –si pintas la pared, tendrás que ayudar a limpiarla–, no como castigo, sino como aprendizaje.
Por ejemplo, ante conductas muchas veces tildadas de "retadoras" como tirar o romper cosas, lo más adecuado en su opinión sería transmitir cuáles son las consecuencias insistiendo en mensajes como: "Lo que se tira se recoge y lo que se rompe se arregla o se repone", siempre desde la naturalidad y teniendo en cuenta la edad y capacidad de comprensión del niño. En todo caso, como aclara Soler, "el objetivo no será nunca la revancha o que pague por lo que ha hecho, sino que aprenda progresivamente a asumir las consecuencias de sus actos".
Por su parte, aunque cree que los límites son necesarios en aspectos como la seguridad, la salud o el bienestar de los niños y adolescentes, Tania García, directora de Edurespeta y autora de Guía para madres y padres imperfectos que entienden que sus hijos también lo son, cree que en demasiadas ocasiones estos se confunden con los castigos, o se utilizan las consecuencias como "castigos encubiertos". Es tajante. Para ella una educación respetuosa pasa por asumir que "si no vamos por ahí imponiendo consecuencias a nuestras parejas, a nuestros amigos o hermanos por sus acciones, a nuestros hijos tampoco deberíamos imponérselas".

Conexión y acompañamiento emocional

Aunque en materia de educación cada receta tenga sus propios ingredientes, hay uno en el que tanto García como Soler y De la Hoz, ponen especial énfasis: la necesidad de acompañar emocionalmente a los niños en las situaciones de crisis. Las rabietas son un buen ejemplo. Todos afirman que nunca se debe ignorar o abandonar a un niño ante una pataleta ni hacerle sentir rechazado o castigarle.
Se trataría, más bien, de intentar estar presentes física y emocionalmente en el proceso, ofrecerles cariño y consuelo en la medida que lo acepten para que lleguen a un estado más receptivo y calmado desde el que entender o poder abordar lo ocurrido.  Intentar, como afirma Soler, "que se sientan comprendidos y aceptados y, más allá o a pesar de su comportamiento concreto, transmitir el mensaje de que desaprobamos su conducta en este momento, pero les seguimos queriendo y aceptando".
Para Tania García "cuando mejor acompañes emocionalmente, más amor profeses en ese momento y más paciencia tengas antes se les va a pasar", y critica que muchas veces ante las típicas rabietas o pataletas de los niños, "los padres estamos más pendientes de lo que opinan los demás que de lo que necesita el niño".
Con todo esto tiene mucho que ver la empatía. También con entender que los niños tienen sus propias necesidades, preferencias y derechos, incluido el de negarse a algo o enfadarse y, más allá de eso, como afirma De la Hoz, asumir "que muchas veces, aunque nos empeñemos, no vamos a conseguir lo que pretendemos o que hay cosas que no van a cambiar por mucho que insistamos". Se trata, de alguna manera, de elegir las guerras que libramos como padres o educadores y no extralimitar, sobreproteger ni decir todo el rato a los niños lo que tienen que hacer ni hacerlo por ellos.
Para De la Hoz, "estamos en una época de pautas y de modelos educativos y parece que siempre que el niño hace algo hay que darle una respuesta positiva o negativa, pero estar todo el día encima del niño no es bueno, y puede ser contraproducente porque, entre otras cosas, se acostumbrará a que cada cosa que haga tenga que tener la respuesta de otra persona".
En un sentido similar, Soler se refiere a las malas contestaciones: "En la mayoría de casos es más útil la extinción que el castigo; ignorar estas respuestas -nunca al niño- hace que tiendan a disminuir en intensidad. Cuando las castigamos y cuanta más importancia les damos, más cumplen el objetivo inicial, que suele ser llamar la atención; el castigo, de hecho, puede incrementar esas respuestas actuando en realidad como recompensa".  

Desde dónde actuamos los mayores

Más allá de las acciones concretas que llevemos a cabo como educadores, el tono y el lenguaje desde el que lo hacemos no son algo anecdótico ni superfluo. Mantener la calma y el cariño incluso cuando estamos sancionando una conducta es fundamental. Se trata de mantener activos el respeto y la amabilidad en la medida de lo posible, de no perder la calma y entender, como dice García, "que como mejor aprenden los niños es con el ejemplo y que no podemos exigir algo que no somos capaces de hacer".
En este sentido, todos coinciden, por ejemplo, en que las conductas violentas no deben ser ignoradas y en la importancia de transmitir que la violencia nunca puede ser una respuesta válida; pero, para que el mensaje llegue, es fundamental no caer en actitudes violentas como apartar a nuestro hijo de un manotazo si pega a otro niño o gritarle... En opinión de García "a veces se nos olvida ser amables con nuestros hijos" y otras, que sus rabietas o sus respuestas no son algo personal sino "el reflejo de una necesidad por resolver".
Sea como sea, si no encontramos la respuesta, siempre podemos volver a la pregunta inicial. Es precisamente lo que muchas veces en las escuelas de padres se propone plantear a los más pequeños ante una conducta inadecuada: ¿De cuántas otras formas crees que puedes hacerlo? Se trata de conseguir que sea el niño el que, a través de sus propios razonamiento y el acompañamiento y refuerzo de los padres o educadores, genere alternativas positivas que sustituyan a la conducta a evitar. "El problema muchas veces es que nos centramos en una conducta concreta o en que el niño haga lo que queremos y nos olvidamos de generar alternativas desde su punto de vista", que es lo que realmente sería efectivo y valioso a largo plazo, concluye De la Hoz.

miércoles, 24 de enero de 2018

Nueva herramienta para escolares desde Vitigudino

http://salamancartvaldia.es/not/170289/escalas-proporcionalidad-nueva-herramienta-web-jose-antonio/




José Antonio Cuadrado, vitigudinense y profesor del IES Campo Charro, de La Fuente de San Esteban, ha creado una nueva herramienta web que facilita el estudio del Dibujo Técnico, las Matemáticas y la Tecnología. En esta ocasión se trata de ‘Escalas y proporcionalidad’, y como las anteriores es totalmente interactiva con un apartado final de evaluación.
Como su título indica, es una aplicación web interactiva para el estudio de las escalas y la proporcionalidad, en la que el usuario puede interactuar con los gráficos, recalculándose de inmediato las operaciones matemáticas, o intervenir en las operaciones matemáticas comprobando su representación gráfica.
Según Cuadrado, “un ejemplo sencillo para entender estos conceptos sería un retrato fotográfico. Si observamos la fotografía del DNI de una persona y esa misma imagen aumentada, seguimos reconociendo a la persona, porque todas las partes de su cara están proporcionadas respecto a las demás. Por ejemplo, si multiplicamos el tamaño de los ojos por tres, y también el de la nariz, boca, cejas, etc., obtenemos una imagen semejante a la anterior, con un tamaño tres veces mayor. Resumiendo, el concepto de escala sería multiplicar por tres el tamaño de los ojos y el de proporcionalidad aplicar esa escala a todos las partes del retrato.
El ejemplo anterior se resuelve aplicando una regla de tres simple. En definitiva construir una escala es lo mismo que construir una calculadora gráfica de reglas de tres. Esta aplicación ofrece una herramienta potente capaz de construir  cualquiera de las infinitas escalas que le propongamos”.
En lo expuesto anteriormente se mezclan conceptos matemáticos con conceptos de dibujo, porque se complementan perfectamente, tal es así que en la aplicación se pueden hacer operaciones matemáticas sencillas de forma gráfica, como: sumar, restar, dividir, multiplicar, hacer raíces cuadradas, reglas de tres, secciones áureas, etc.
Estos contenidos se estudian en diferentes áreas del currículo de Secundaria y Bachillerato, por lo que es de utilidad para:
  • Educación Plástica de 1º y 3º de ESO.
  • Dibujo Técnico de 1º y 2º de Bachillerato.
  • Tecnología  de 3º de ESO.
  • Matemáticas de 2º, 3º y 4º de ESO.
“Los dibujos estáticos de la pizarra son muy torpes para explicar geometría y no sirven para aclarar las dudas que surgen al respecto. Si el alumno puede interactuar con los gráficos realizará un aprendizaje autónomo, marcando su propio ritmo, aprenderá con mayor rapidez y facilidad, y estará más motivado al utilizar una tecnología actual que le es mucho más afín”, señala Cuadrado.
Este proyecto pretende “establecer un diálogo entre teoría y experimentación”, pues permite al alumno estudiar contenidos de forma dinámica y realizar ejercicios de autoevaluación del mismo nivel de interactividad. Son pruebas que contienen infinitos ejercicios agrupados en 21 tipos diferentes. La aplicación corrige los ejercicios indicando la solución correcta y muestra una calificación al finalizar la prueba.
Estas páginas están desarrolladas íntegramente con Css3, JavaScript y Html 5, utilizando su nueva etiqueta ‘canvas’, que “permite dibujar directamente sobre la pantalla como si fuese un lienzo”. Estándares abiertos que facilitan la difusión desde cualquier dispositivo móvil y eliminan definitivamente problemas de accesibilidad que generan otros medios como Flash.
PARA ACCEDER A LA WEB DE JOSÉ ANTONIO CUADRADO, PINCHAR AQUÍ

http://escalas.joseantoniocuadrado.com/

sábado, 20 de enero de 2018

Todo éxito es un fracaso rectificado

http://redfilosofia.es/atheneblog/2018/01/03/charles-pepin-filosofo-todo-exito-es-un-fracaso-rectificado/


El fracaso ha sido, desde los albores de nuestra civilización, fuente de miedo y vergüenza. El filósofo Charles Pépin (Saint-Cloud, Francia, 1973) opina, al contrario, que experimentar el fiasco y la frustración inherente a él es lo que, en el fondo, nos convierte en humanos. Según este pensador francés, la inteligencia de un individuo se cuantifica en su capacidad para analizar y corregir sus errores. En ese sentido, equivocarse no es solo inevitable, sino necesario para entender nuestros deseos y prioridades. Profesor del Instituto de Estudios Políticos de París y solicitado conferenciante, Pépin desarrolla estas tesis en Las virtudes del fracaso (Ariel), un tratado que aboga por un cambio de actitud respecto al desengaño. En el libro, el autor elabora un listado de personajes que triunfaron después de fracasar, de Thomas Edison a Steve Jobs, y también de inventos que surgieron a partir de sonados errores de apreciación, como el viagra o las cápsulas de café. El objetivo de Pépin, como relata en un café parisiense, es profundizar en un asunto que la mayoría de grandes filósofos se han obstinado en ignorar.
Pregunta. ¿Por qué el fracaso ha sido un tema tan poco tratado por su disciplina?
Respuesta. En la filosofía occidental se ha hablado poco de los aspectos concretos de la existencia. El hecho de fracasar no aparece mencionado ni en los diálogos de Platón, ni en los escritos de Descartes o de Kant, ni en los tratados de los existencialistas. Existe alguna excepción, como la filosofía de los estoicos, que hablaron de la necesidad de aceptar la frustración inherente a la vida. Más tarde, Hegel también consideró que las experiencias negativas eran necesarias: igual que no hay tesis sin antítesis, no existe el éxito sin el fracaso. Ya en el siglo XX, la epistemología reflejará el tanteo sucesivo que es propio del método científico, que implica equivocarse sucesivamente hasta llegar a un resultado satisfactorio. Todo éxito puede considerarse, en ese sentido, un fracaso rectificado.
P. En su libro define el fracaso como problema filosófico, pero también social. ¿Qué nos impide aceptar, socialmente hablando, el hecho de fallar?
R. Para empezar, se suele confundir el fracaso de un proyecto determinado con el de nuestra persona en su totalidad. No conozco bien la situación española, pero diría que es parecida a la francesa. Nuestra sociedad está enferma porque es incapaz de aceptar el error. Conozco a jóvenes traumatizados por un sistema escolar que no favorece la singularidad, que les obliga a adaptarse a lo que se ha fijado como la norma. En las empresas hay muchos trabajadores marginados por haber cometido un único desliz a lo largo de sus carreras. En Francia se castiga lo atípico para preservar un sistema muy homogéneo, en el que se aspira a que todo el mundo se parezca.
P. En su libro hace un inventario de mitos franceses que resurgieron de sus cenizas tras pronunciados fracasos. Por ejemplo, casi todos los presidentes desde De Gaulle han vivido largas travesías del desierto…
R. Una excepción es Emmanuel Macron, aunque seguro que vivió algún fracaso durante su infancia. Esos suelen ser los que dejan una marca más profunda. Como decía, el origen del problema se encuentra en el modelo fundador de la escuela pública, que exige que todos los alumnos sean iguales. Que respondan a las mismas normas, que hablen la misma lengua, que aprendan la misma historia y luego la repitan con la misma retórica. No todo es malo en ese modelo: es el sistema en el que se fundamenta la igualdad republicana y, como tal, es intocable. Pero no hay que negar que más del 30% de empresarios vivieron el fracaso escolar. En las carreras artísticas y en el deporte, el porcentaje es similar. Son cifras que deben llevarnos a reflexionar.
P. Frente a la rigidez europea, parece defender el modelo estadounidense, que considera más tolerante con el fracaso. ¿No era al revés?
R. Un banco estadounidense acepta dar una oportunidad a un empresario que, en un momento determinado, haya cometido un error. En la mayoría de países europeos te cerrarán la puerta. En Francia incluso te ponían en una lista negra cuando habías tenido un problema económico. Desde 2013 eso ya no es posible, pero la percepción del fracaso sigue siendo la misma. En Estados Unidos se favorece más el espíritu aventurero a causa de su mentalidad de pioneros. El propio descubrimiento de América fue un error de navegación… Dicho esto, tampoco idealizo ese sistema. Allí todo está pensado para que el éxito termine por llegar, tarde o temprano. Pero, en caso de que no llegue, el Estado se desentiende totalmente de ese individuo. En Europa, al contrario, siempre cuentas con una red de seguridad.
P. Hay quien interpreta sus tesis como un elogio de la mediocridad.
R. No es mi razonamiento. Yo no digo que todos los fracasos sean positivos. Lo que digo es que hay que fracasar de una forma interesante, con la voluntad de ser valiente y original. Creo que llegamos al final del ciclo de la obsesión por el éxito. Hace años que Michael Jordan se dedica a dar conferencias sobre los fracasos de su carrera. Y el tenista Stanislas Wawrinka lleva tatuado en el brazo una cita célebre de Beckett, extraída de su libro Rumbo a peor: “Lo intentaste. Fracasaste. Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. De acuerdo, todavía no es una opinión hegemónica, pero me parece sintomático de una erosión del modelo dominante.
P. ¿En qué momento empieza ese cambio de mentalidad?
R. La crisis financiera de la década pasada fue un punto de inflexión. Fue un kairós, por utilizar el término de los filósofos griegos, un momento oportuno para el cambio. La crisis puso en duda el sistema de valores que sustentaba la idea del éxito. Fue un momento en el que se cerraron muchas puertas, pero también se abrieron algunas ventanas.
P. Su ensayo también analiza el fracaso desde el punto de vista psicoanalítico. Lo define como una victoria inconsciente, ya que nos acerca hacia lo que de verdad queríamos pese a no ser conscientes de ello.
R. Lacan solía decir que todo acto fallido esconde un discurso exitoso. Podemos utilizar el ejemplo de Nicolas Sarkozy. Cuando se retiró de la vida política, lo primero que dijo fue que eso le permitiría cuidar más de su familia, a la que había desatendido durante años. De forma inconsciente, vio en su fracaso electoral una oportunidad de hacer algo positivo. Es peligroso no darse cuenta de la disociación respecto a nuestros deseos inconscientes. Muchas veces, tenemos que fracasar repetidamente hasta caer rendidos y hasta sentirnos deprimidos. Es entonces cuando entendemos que nos estamos equivocando, que eso no es lo que queríamos hacer con nuestras vidas, tanto en el plano profesional como en el sentimental. Fracasando una y otra vez nos vamos acercando, poco a poco, a la verdad.
P. ¿No existe el peligro de caer en la lógica del pensamiento positivo, inspirado en la filosofía de Emerson, quien consideró que cualquier experiencia, buena o mala, siempre termina siendo provechosa?
R. Es muy seductor pensar eso, ­pero no es lo que yo defiendo. Yo creo que todas las experiencias no son beneficiosas. La negatividad total también existe. Hay fracasos de los que uno nunca se recupera, que incluso pueden conducir al suicidio. Lo que yo digo es que el fracaso es una experiencia humana. Y que llegamos más lejos aceptándolo y corrigiéndolo que negando que exista. El fracaso nos ayuda a reorientarnos y a reinventarnos.