Dedicado a tod@s l@s niñ@s del mundo

El niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender (Montaigne)

martes, 16 de junio de 2020

Francesco Tonucci: «De los niños hablamos mucho, pero no se les pregunta nada»

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/yes/2020/05/30/ninos-hablamos-pregunta-/0003_202005SY30P24991.htm?fbclid=IwAR0scBKjKZbVHd659Y0xPP53zgyL9CMnJj1vqY2F-uTLv2WeoVH34TccDDQ

Francesco Tonucci: «De los niños hablamos mucho, pero no se les pregunta nada»
«Pontevedra y yo nos queremos mucho», revela Tonucci, que la señala como modelo de ciudad abierta a la infancia. «Ojalá esta pandemia sirva para abrir de nuevo el mundo de los niños», confía el maestro y psicopedagogo, que invita a un cambio en la escuela y a descubrir las matemáticas de la pasta



MARTINA MISER
ANA ABELENDA
02/06/2020 18:20 H
 Hay un conflicto que los niños ven: «Los adultos los quieren mucho, pero los escuchan nada», señala el psicopedagogo Francesco Tonucci (Fano, Italia, 1940), al que une una cálida amistad con Pontevedra. Un aprendizaje en un entorno seguro, abierto a la vida, es uno de los retos que mueven al autor de la Ciudad de los Niños, iniciativa que dio sus primeros pasos en el 91 en la ciudad natal del maestro. Durante una semana, ese año las calles de Fano se cerraron al tráfico para que los niños pudiesen ejercer uno de sus derechos, jugar, y los pequeños participaron en un pleno para presentar sus propuestas de mejora para la ciudad. «Conozco muy bien Pontevedra. Pontevedra y yo nos queremos mucho», confiesa Tonucci. Los dos son amigos de los niños y él ve en ella el espejo del futuro deseable para otras ciudades de España y Europa. Si el entorno es seguro, los niños pueden ir solos al colegio, como en Pontevedra: «Los niños deben aprender a moverse solos, porque tendrán que hacerlo en la vida». -¿Por dónde pasa el futuro, el de la escuela, el de nuestros niños?-¡Hombre! Una pregunta pequeña, pequeña... jajaja. Nadie lo sabe. Pero, efectivamente, la pregunta es legítima e interesante porque podíamos aprovechar la prueba de la crisis para pensar algo que pueda ser mejor para mañana. Yo en eso estoy... Lo que más me impresionó cuando empezó todo esto fueron dos aspectos: uno, que rápidamente todo el mundo se dio cuenta de que había dos grupos que iban a sufrir mucho esta pandemia. Nosotros, los viejos, que nos morimos... Y los niños.
-¿Las necesidades de los niños se han desatendido?-Para los niños se entendía que era una experiencia difícil de comprender y difícil de aceptar, romper las relaciones, vivir de un día para otro dentro de un espacio reducido. De los ancianos nos ocupamos solo para enterrarlos, y de los niños se empezó a hablar mucho, pero con una actitud muy particular, pidiendo a los psicólogos consejos para los padres y a los pedagogos consejos para los maestros. Pero nadie preguntó a los niños sobre lo que estaban viviendo y pensando. Con lo cual lo primero que hemos hecho, que yo he hecho, es enviar un mensaje a las ciudades de nuestra Red Internacional de la Ciudad de las Niñas y de los Niños para que convocaran virtualmente de urgencia los consejos de los niños y pedirles sus opiniones. Para saber qué están sintiendo ellos y qué proponen. Lo primero que noté fue que todos se movieron con rapidez, y de aquí salen indicaciones interesantes... Otra cosa que me impactó en esta crisis es que la vida de todo el mundo cambió radicalmente, hasta el hecho de pararse el tráfico. El virus consiguió pararlo todo en dos días. Hasta el trabajo, otro gran dominador de nuestra vida. Y en cambio el lema de la escuela fue «La escuela no para», la escuela no para aunque esté cerrada. La escuela siguió igual que antes dando clase y poniendo deberes, solo que a distancia. La vida de los niños como escolares casi no cambió. -¿Qué ideas salieron de esos consejos de los niños estos días?-Desde Italia, España, Argentina y Chile, Perú y otros países que respondieron, una de las conclusiones interesantes que se sacan es que a casi todos los niños les faltan los amigos. A los niños no les falta la escuela, les faltan los amigos. Hoy en día para muchos niños la escuela es casi el único lugar donde se encuentran con otros niños. Antes, en mi generación y la de mis hijos (que tienen más de 50), la vida se repartía en tres partes: la casa, la escuela y la calle. Eran tres experiencias radicalmente distintas que dialogaban entre ellas. Hoy, hasta ahora, los únicos lugares de vida para los niños son la casa y la escuela, y especialmente la escuela, escuela que son escuelas: porque al colegio oficial se añaden otras donde los niños van a las actividades de la tarde. A mí me habría gustado que las plataformas online se hubieran usado no para dar clases, o no solo, sino sobre todo para favorecer el intercambio entre pares, entre alumnos. Los niños se llaman unos a otros, pero es una comunicación electiva y selectiva. La plataforma puede ser un instrumento precioso, porque puede conectarlos a todos.
-Hay niños que se sienten mejor ahora en casa, en familia...-Los niños casi siempre están contentos al pasar más tiempo con sus padres. En muchos casos los niños casi ni conocían a sus padres, pasaban poco tiempo con ellos. A los niños les gusta, en general, estar tiempo con los padres y hacer cosas con ellos. Es otra de las conclusiones de los consejos que estamos haciendo, y la tercera evidencia es que los niños están hartos de deberes. ¡Esto sale en todos los países! Y en general cansados de seguir las clases en una pantalla. -¿Los deberes son una necesidad de los alumnos o más de los padres?-Son una necesidad de la escuela. Si no fueran una necesidad de la escuela, no entendería por qué los pone...-Pero hay padres muy defensores de los deberes, de esa rutina.-Sí, sí, pero cuando la escuela me dice que los deberes los piden los padres, siempre contesto: ¿Y si los padres te piden que no des Matemáticas no las das? ¿Cómo entran los padres en lo que tiene que hacer la escuela? Esto es una responsabilidad de la escuela. Y los deberes son una tontería pedagógica. ¿Por qué la escuela no aprovecha esta situación nueva para hacer cosas nuevas? Para tender, por ejemplo, una mano a los padres y recuperar esa relación que es hoy en día un conflicto absurdo, y que pagan los niños. Pedir ayuda a los padres es decirles: «En lugar de los deberes tradicionales cambiemos, pongamos de tareas que hagan cosas con vosotros, pero nada que os exija tiempo, sino eso que tenéis que hacer en casa...
«Las tareas domésticas pueden ser los mejores deberes»
-¿Tareas domésticas?-Exactamente. Lo tenéis que hacer los padres, ¿no?, ahora que todos debemos estar en casa, hacedlo con los hijos. Lavar la ropa, ponerla a secar, hacer las camas... Otro gran capítulo es la cocina. Esta es una oportunidad para que los niños aprendan a cocinar. Tenemos fotos en móviles y en cajones, podemos recuperar las fotos de nuestro hijo o nuestra hija desde que nació, y contamos juntos una historia, su historia, a través de las fotos. Hay muchas cosas que hacer, como leer una novela en familia. Todas las tardes se le puede dedicar media hora, uno lee y los demás escuchan; es un momento intenso a nivel afectivo y la mejor manera para aprender a leer: una lectura bien hecha es la forma para entrar en el mundo mágico de los libros. También aconsejo a los niños tener un cuaderno, que puede ser un diario secreto, donde cuentan esta experiencia, única, que están viviendo. Sería una pena que se perdiese, y los niños tienen facilidad para olvidarse de todo. Tener su testimonio sería precioso, poder releerlo mañana o pasado mañana. Estas podrían ser las nuevas tareas, los nuevos deberes, y sobre eso, sobre la experiencia de coser un botón o de hacer una receta de pasta en casa, la escuela empezaría a trabajar. La escuela encuentra la matemática de la pasta, porque en la pasta hay pesos, cantidades, tiempos, calor... muchas cosas que merecen una reflexión de tipo escolar. -¿La educación necesita un gran cambio desde antes de la pandemia?-La referencia desde mi punto de vista debe ser el artículo 29 de la convención de los derechos de la infancia, que dice que el objetivo de la educación debe ser el desarrollo de la personalidad y de las aptitudes de los niños hasta el máximo nivel posible. Esto debería ser la escuela, y esto debería ser la educación familiar: ayudar a cada niño a buscar sus aptitudes, sus capacidades y ofrecerles los instrumentos para desarrollarlas hasta el máximo nivel posible. Los niños deberían llevar su mundo a la escuela y la escuela ayudarles a interpretarlo para buscar lo que García Márquez llamaba su «juguete preferido», que es su vocación principal. Como resultado de esta pandemia, espero que el mundo de los niños pueda abrirse de nuevo. La gente se ha quejado de que con el covid los niños no podían salir, pero los niños ya no podían salir antes.
-¿Cómo dibuja la escuela de mañana?-Hay que compartir la experiencia educativa a otras entidades, a las entidades sociales de la ciudad. Romper el concepto de clase por otro más dúctil, y empezar a reservar espacios próximos a la escuela para la escuela. Que un grupo de alumnos, sean 8 o 25, se queden sentados en un aula cinco o seis horas es un absurdo, y un absurdo además incompatible con las necesidades higiénicas del momento. Se pueden hacer varios cambios. Uno, que los niños vayan solos al colegio, eso reduciría mucho el volumen del tránsito. Para ello el entorno debe ser seguro... Pero lo más importante es que los niños sean protagonistas de las decisiones que les afectan, que sean llamados a participar en las decisiones, y ahora se está haciendo justo lo contrario.

jueves, 7 de mayo de 2020

Otra manera de hacer las cosas

http://blog.tiching.com/hablamosdeeducacion-con-neus-sanmarti/?fbclid=IwAR0LMVKy6rSTP7pCMfvHQcWKVmenomdg6dBXs4zaeWcfNL9LE4bH7ObCgM0

Las ideas de Neus Sanmartí sobre la innovación educativa son tan interesantes que no tuvimos suficiente con la primera conversación. Por ello, le pedimos un segundo encuentro, esta vez para el vídeo de presentación de nuestro libro #HablamosDeEducación. De profesión docente y con formación en química, Sanmartí es especialista en didáctica de las ciencias. Asimismo, defiende la transformación de la evaluación como uno de los elementos imprescindibles en la innovación en la educación.
Las enseñanzas que nos dejó fueron muchas. Aquí te ofrecemos la entrevista que nos concedió. ¡Ayúdanos a compartirla!

Algunas frases para pensar
A continuación te ofrecemos algunas de sus mejores y más inspiradoras frases. ¿Cuál te ha gustado más?
  1. “Si cambias la evaluación, lo cambias todo”. Tal y como explica Sanmartí, cambiar la forma de evaluar significa modificar la forma en que se enseñan los conocimientos, cuándo se enseñan, cómo trabajamos…
  2. “El reto de la educación es la democratización”. La incorporación de todos los alumnos a las aulas es esencial para el enriquecimiento de la enseñanza. Escuelas como Joaquim Ruyra ya lo aplican.
  3. “En la educación los resultados no se ven a corto plazo, pero hay que persistir”. Sanmartí anima a los equipos docentes a apostar por la innovación, pero, sobre todo, a ser pacientes y no renunciar a los cambios.
  4. “La motivación de verdad está relacionada con aprender”. Los alumnos sentirán que los conocimientos que adquieren son realmente útiles cuando sean capaces de aplicarlos en su día a día. ¡Solo entonces estarán motivados para seguir aprendiendo!
  5. “Cualquier innovación educativa debe suponer un cambio en el modo en que los alumnos corrigen sus errores”. Sanmartí cree que un cambio que no suponga esto es, sencillamente, estético. ¿Qué opinas?
  6. “Los valores no se aprenden, sino que se atrapan”. La escuela no solo debe predicar valores, sino también vivirlos. Así, los alumnos los atraparán y los aplicarán no solo en la escuela, sino también en su vida cotidiana.
¿Te han servido las enseñanzas de Neus Sanmartí? ¡Cuéntanoslo y comparte tu experiencia educativa en Tiching!

¡Y recuerda! Puedes realizarnos propuestas de temas para el blog utilizando el hashtag #TichingTeEscucha ;)

martes, 28 de abril de 2020

El método pedagogico que rompió moldes en su tiempo

https://besincro.wordpress.com/2020/04/28/la-palabra-justa-la-historia-de-una-maestra-entranable-que-creo-un-metodo-pedagogico-que-rompio-moldes-en-tiempos-de-dictadura-educativa/?fbclid=IwAR1RCIQuX2SpKRWphyiKq2RpAg7kdWtXFcdLxl8yrFkn1RQrS2SGPOit5fc

cartel_LA_PALABRA_JUSTA

“La palabra justa”, la historia de una maestra entrañable que creó un metodo pedagógico que rompió moldes en tiempos de dictadura educativa
ABRIL 28, 2020DEJA UN COMENTARIO
cartel_LA_PALABRA_JUSTAAl terminar la clase cada niño debía escribir en un pequeño papel y de la forma más resumida posible lo que ha aprendido en la clase del día y si fuese posible definirlo con una sola palabra. Las respuestas se ponen en la pared y entre todos eligen la mejor: La palabra justa. Ese es el juego que inventó hace casi 60 años Antía Cal Vázquez, una maestra que en 1961 fundó en Vigo el Colegio Rosalía de Castro y puso en marcha una nvedosa experiencia pedagógica.

Antía, Tita para sus alumnos que aún la recuerdan con enorme cariño, fue una maestra enamorada de su profesión y luchó contra viento y marea para renovar la enseñanza en unos tiempos de dictadura y pobreza educativa. Ella es la protagonista del documental “La palabra justa”, del director gallego Miguel Piñeiro. Un película que podéis ver en este enlace y que os recomendamos encarecidamente.

Sincronía, una sola Humanidad

Enlace directo a la película

https://vimeo.com/397801196?fbclid=IwAR1pXI7WrNGxJeApUodHQOzeo_nfN7r8BOAiBijrenwknFC12xFnpzEPYVg

https://vimeo.com/397801196?fbclid=IwAR1pXI7WrNGxJeApUodHQOzeo_nfN7r8BOAiBijrenwknFC12xFnpzEPYVg

lunes, 20 de abril de 2020

Repetción de curso.

https://www.eldiario.es/sociedad/repeticion-buena-alumno-sistema-educativo_0_1018048365.html

Elena Martín: "La repetición no es buena para el alumno y tampoco para el sistema educativo"
Educación
Esta especialista en enseñanza cree que esta puede ser una oportunidad para mejorar el sistema, rechaza la repetición con carácter general y recuerda que evaluar no es calificar
ENTREVISTA | Isabel Celaá, ministra de Educación: "La brecha digital esconde la brecha social: si solo les faltara una tablet, resolverlo sería sencillo"
Daniel Sánchez Caballero

Elena Martín, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación.

Elena Martín, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación.
Desde la conferencia sectorial del pasado miércoles, en la que se acordó entre Gobierno y comunidades autónomas (excepto Andalucía, Madrid, Castilla y León, Murcia y Euskadi) cómo cerrar el curso escolar, el debate educativo ha girado hacia la evaluación del trimestre (también el año) y la repetición. El pacto establece una "promoción general" para el alumnado, argumento que han utilizado las regiones disidentes para desmarcarse del texto bajo el argumento de que no van a regalar aprobados –excepto Euskadi, que esgrime una cuestión competencial–.

Elena Martín, catedrática de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid y especializada en evaluaciones, sostiene en esta entrevista que la repetición, que en España tiene una incidencia mucho mayor que en los países de nuestro entorno, es una medida lesiva para el alumno que la sufre y para el sistema, aunque tampoco debe ser descartada siempre. Martín reflexiona también sobre la evaluación como elemento de diagnóstico para un alumno y recuerda que "evaluar no es calificar".



¿Qué le parece la solución que han acordado el Ministerio y la mayoría de las comunidades autónomas?

Comparto completamente el espíritu que hay detrás. Creo también que cualquier persona que sabe de educación la comparte, y eso me hace pensar que las comunidades, por razones que no tienen que ver con lo que el alumnado necesita sino por política educativa, tienen que seguir su papel. Unas porque tienen que marcar el carácter propio de su comunidad, otras porque tienen una ideología determinada, pero anteponen con una falta de responsabilidad grande estas metas de marcar su identidad para hacer lo mismo al final. Si alguien se molestara en coger las normas que finalmente saquen las comunidades y las analiza es muy probable que comprobara que son muy parecidas y que responden a la preocupación común.

Entiendo entonces que apoya que se levante algo la mano para promocionar y titular.

No veo que se levante la mano. Me parece que toda crisis es una oportunidad de crecimiento, aunque no sé si seremos capaces de aprender de esta crisis. Pero si lo hiciéramos nos daríamos cuenta de que lo que estamos viendo es que lo que siempre se ha propuesto como líneas de avance en la calidad de la enseñanza. Pero ahora se está viendo que es imprescindible, ya no es discurso. Solo estamos de poniendo de manifiesto que cuando alguien no aprende hay que ayudarle más, no frenarle. Es esa idea, que siempre ha estado ahí, de que evaluar no es calificar, no es poner barreras. Es entender en qué punto tengo al alumno para saber cuál es el siguiente paso que cada uno necesita. Luego calificar es convertir esa información en nota. Pero eso es calificar, no evaluar.

Cuando yo trabajo con mis hijos también los evalúo. Mi hijo ha conseguido ordenar, pero no abras el armario que se te cae todo encima. Sé en qué fase está, no tengo que poner 7,2. Se nos pide que se utilice este tercer trimestre además de para reforzar los aprendizajes básicos para saber dónde tenemos a cada uno, poderle dar una ayuda individualizada y ver dónde empezar el año que viene. No los tenemos a todos en el mismo punto y puede que esas diferencias se hayan acrecentado. Ahora más que nunca es urgente atender a esa diversidad. Pero tampoco es nuevo, siempre ha sido la clave. Lo que pasa es que de no hacerlo ahora el riesgo de inequidad y brecha se hace más evidente.

Se habla mucho estos días de la repetición. ¿Cuál es su opinión?

No se puede opinar de todo como si todos tuviéramos conocimientos. Hay conocimiento experto, lo que la gente llama "la evidencia", que pone de manifiesto que la repetición ni es buena para el alumno ni es buena para el sistema educativo. Y no lo dice cualquiera, lo dice la OCDE a la que no se podrá acusar de ser una progre trasnochada. Hay datos que demuestran que a alumnos iguales, con perfiles iguales, si dejas pasar a uno y repite el otro y sigues la trayectoria de ambos, la del que has dejado pasar es mejor. Porque dejar pasar es apoyar a que siga.

Lo que no puede ser es una promoción automática como la entendemos: "Me ha igual lo que hagas". No es que me dé igual lo que pase contigo, por eso no es un aprobado general, que sería más fácil para el sistema. Si meto un aprobado general no meto esa tensión en el sistema porque se ha acabado. Tensión para el alumnado, que sabe que le vamos a pedir tareas. Tensión para el profesorado, para que sigamos haciendo esto, y tensión para la sociedad, para que se dé cuenta de que tenemos que seguir aprendiendo.

Cuando la gente dice que a los que pueden seguir aprendiendo más no hay que darles tarea, ¿qué tontería es esa? ¿Hacemos eso durante el curso? ¿Les frenamos porque otros necesiten apoyos? No, apoyamos más a quién más lo necesita, pero no frenamos. Vamos a evaluar. ¿Alguien suspende la asignatura? Ha suspendido, no ha aprendido. ¿Esto significa que tiene que repetir? No. Significa que el año que viene hay que reforzar esos aprendizajes. Hacerle repetir hace ver que la solución es que haga lo mismo otra vez. A veces no es eso, es que tienes que enseñarle de otra manera. No hay ni una idea nueva, y no es malo decirlo, estamos haciendo lo que ya se sabía que es la forma de enseñar bien.

Y si ya lo sabíamos, ¿por qué no lo estamos haciendo?

Es mucho más difícil atender a la diversidad, individualizar la enseñanza. Ningún ser humano aprende igual que otro, y no quiere decir que uno sea más tonto o más listo que otro. Esa idea siempre ha estado en la base, el ajuste de la ayuda. Tú tienes tres hijos y quieres lo mismo para los tres, pero si haces lo mismo con los tres te estrellas. Eso lo ve claro todo el mundo fuera de la escuela. Aún con tres hijos a los que conoces, no somos capaces los padres y madres. Y en la escuela, con 35 alumnos, pocas horas, un currículum sobrecargado... Es una obviedad, pero la escuela lo ha ido haciendo cada vez más difícil. Puede haber diferentes perfiles de alumnado que no hayan aprendido algo. Y cuando ya sabemos esto, ¿para qué usamos esa información? ¿Para decir si repiten o no? ¿Y con eso qué hacemos? Lo importante es usarlo para saber darle un apoyo diferencial que cada uno va a necesitar.

¿En qué casos la repetición sí funciona?

Que no sea la mejor opción no significa que no se pueda usar. Puede haber una persona a la que el esfuerzo que le exigiría promocionar y hacer los nuevos aprendizajes –más los refuerzos de aquello que no ha aprendido– le pueda resultar inasumible. Esto es lo que hay que decidir. Tener esa lucidez –que no magia– profesional. Podemos utilizar la repetición como una medida más, no 'la' medida.

Solo repetir no garantiza nada, porque responde a la idea de que no aprender es un problema de tiempo. Pero cuando los alumnos no aprenden no es solo por tiempo, es porque necesitan que les apoyemos de otra manera. Hay casos de gente que repite y una asignatura que había aprobado la primera vez la repiten. ¿Pero esto qué es?

Además, es una medida carísima e ineficaz. No acaban titulando ni aprendiendo mejor. Está en los informes, parece que la gente no lee. Cuando un alumno no aprende algo pasan dos cosas: que no aprende el contenido, y que ha aprendido que no sabe aprender. Y las dos son muy importantes y hay que entender el mensaje que se manda. Puede ser más grave que se sienta incompetente a que no haya entendido algo, porque hace que no quiera seguir aprendiendo.

Pero luego lanzamos esta genialidad de que hay que enseñar al alumnado a aprender a aprender. ¿Cómo va a querer aprender alguien a quien le decimos todo el rato que no sabe? Hay gente que sale de la escuela encogida, con una percepción de incompetencia. "Es que yo soy mal estudiante". ¿Qué es esto? ¿Es más importante que alguien sepa aprender o que este aprendizaje concreto no lo tengas en un momento concreto? Pero le decimos que no lo sabe y se lo podemos demostrar con decimales. ¿Eso es enseñar?

¿Por qué España tiene más repetidores que nadie, con casi un tercio de los alumnos en un curso que por edad no les corresponde?

Es un problema de cultura, porque veníamos de una escuela napoleónica, racionalista, y teníamos que cambiar muchas cosas. Pero por ser así de siempre no significa que sea correcto. Dentro de un tiempo no lo estará y nos asombraremos de pensar que la utilizamos tanto tiempo. Ya estábamos en la línea de cambiar esto, a nivel de organismos internacionales. Pero esto viene a agudizarlo. Y hay que aprovechar la ola para terminar de dar un impulso a esto. No pasa nada, pasaría si no hiciéramos nada por el que no aprende.

Es muy importante diferenciar entre evaluación y calificación. Y entender que las decisiones de promoción –que en su caso llevarían a la repetición– deben ser colegiadas. Esto responde a la idea de que más ojos ven más. Es más difícil que nos equivoquemos más personas. Al tener que pensar juntos tenemos que justificar, argumentar. Decir "no sabe" no sirve. Lo colegiado tiene dos ventajas: más mentes pensando juntas y al tener que argumentar ante otro documentas el proceso y el error es menos probable. Es más difícil, más lento, más trabajoso que cantar las notas. Pero es más acertado.

Además, es un elemento muy segregador, afecta más a los pobres que a los ricos, no solo en general sino en igualdad de condiciones.

Si se mira la estadística, los datos de repetición han tenido que ver por ejemplo con que la LOMCE haya dejado repetir cada curso. Antes, cuando era por ciclo, cometíamos menos errores que cuando lo podemos hacer cada curso. También es interesante ver quién repite. Hay un informe de Save The Children sobre la repetición que deja claro que siempre los mismos. De ahí la urgencia de no equivocarnos, porque si lo hacemos, ¿quién va a pagar el error? Y si hay que contestarlo a partir de quién ha venido siendo el perfil de repetidor, son los más vulnerables. Es como la Formación Profesional (FP) y el Bachillerato: la gente que hace FP es en general de clase bajas. O te lo explicas pensando que los niños nacen diciendo que quieren hacer FP o ves que la escuela a veces no solo no compensa, sino que reproduce desigualdades cuyo origen no es la escuela, y eso no puede ser. Como el perfil del repetidor no es azaroso, sino que correlaciona con factores de vulnerabilidad y de desigualdad, el riesgo de esto es abrir la brecha. Todos se llenan la boca con que no vamos a dejar a nadie atrás. Sí, lo dejaremos, igual que en economía a los autónomos, que se van a quedar en la calle, o a las pequeñas empresas, que cerrarán. Sabemos que la crisis económica no va a repercutir por igual en todo el sector empresarial. Pues se intenta evitar que la crisis educativa no vuelva a repercutir sobre los más débiles, que necesitan más apoyo para llegar al mismo apunto. Esa idea de "no hay nada más injusto que dar lo mismo a quien tiene necesidades distintas".

¿Cree que aprendemos algo de esto?

Para que aprendiéramos hace falta que alguien formalice esta idea. Que nos demos cuenta de lo que está pasando ahora, enfrentarnos a la idea de discriminar lo prescindible de lo imprescindible. Hay que hacer notar que la gente que se resistía a usar las tecnologías como apoyo, no como alternativa, ahora lo ha tenido que hacer, y se da cuenta de que es potente. Si cada uno tuviera que escribir en un folio qué hemos aprendido de esta crisis ,muchos dirían que han aprendido cosas que ya venían diciéndose, pero ahora las he podido experimentar y comprobar qué tienen de bueno y malo. El documento del ministerio dice que "se enseñará mediante metodologías más interdisciplinadas". Llevamos años diciendo esto. Pero, cuando volvamos a estar en la serenidad, ¿qué vamos a hacer? ¿Volver a lo clásico? Sería una pena. Mariano Fernández Anguita dice con razón que estaba cantado lo que iba a pasar con la brecha digital. Ahora tenemos que aprovechar lo que ha pasado para aprender. Para eso, además de esta parte personal de reflexión personal, está la política. No sé si alguien será capaz de dejar los intereses más propios, sean de un tipo u otro. Que parece que estar de acuerdo con el Gobierno es no ejercer la autonomía. Veremos qué hacen las comunidades.

sábado, 18 de abril de 2020

El Coronavirus y la axfisia educativa

https://www.eldiario.es/sociedad/coronavirus-educativa-confinamiento-proteccion-vulnerable_0_1017698345.html

El coronavirus y la asfixia educativa: el confinamiento deja sin protección a la infancia más vulnerable
Durante estas semanas, la escuela ha reducido su función compensadora hasta hacerla casi desaparecer. Buena parte del alumnado no tiene en su casa los recursos que hacen posible el aprendizaje. Faltan 'respiradores educativos'
Comparativa: países europeos donde los niños sí pueden pasear y empiezan a volver al colegio
José Miguel Martín / Jesús Rogero - Agencia SINC
17/04/2020 - 21:32h

Durante estas semanas, la escuela ha reducido su función compensadora hasta hacerla casi desaparecer, afirman los autores. / Wearbeard (SINC)

Durante estas semanas, la escuela ha reducido su función compensadora hasta hacerla casi desaparecer, afirman los autores. / Wearbeard (SINC)
Durante estas semanas, la escuela ha reducido su función compensadora hasta hacerla casi desaparecer, afirman los autores. / Wearbeard (SINC)

La suspensión de las clases por la crisis del COVID-19 y las medidas subsiguientes de las administraciones educativas han dado lugar a un intenso debate. La decisión de continuar el curso a distancia avanzando contenidos y la falta de una respuesta clara y coordinada han generado un profundo malestar entre familias y docentes.

En pocos días, el ‘contrato educativo' que establece los derechos y deberes de los diferentes agentes de la comunidad educativa se modificó radicalmente; hasta tal punto que nunca antes se había producido una distancia tan grande entre lo que las administraciones educativas exigen al alumnado, sus familias y sus docentes, y lo que les ofrecen. ¿Por qué decimos esto?



En primer lugar, porque creemos que avanzar contenidos fue un error. Aunque era comprensible que al principio hubiera equivocaciones, el planteamiento apenas había variado tras cinco semanas de confinamiento.

Esta decisión implicaba asumir que el sistema educativo puede seguir funcionando a distancia de forma adecuada, algo que, sencillamente, no es posible; o al menos no lo es cumpliendo con las funciones que, como sociedad, hemos acordado otorgarle. Aunque el Gobierno y las CCAA han decidido recientemente utilizar el tercer trimestre para la recuperación, el repaso y el refuerzo, parece que algunas seguirán impartiendo nueva materia.

La desigualdad crece
La realidad es que el aislamiento que nos protege de la COVID-19 es, paradójicamente, el que expone al alumnado más vulnerable a otro virus muy dañino: el de la asfixia educativa.

Durante estas semanas, el oxígeno del aprendizaje no está llegando a una parte significativa del alumnado y la escuela ha reducido su función compensadora hasta hacerla casi desaparecer.

Buena parte de las familias carece de las condiciones materiales (tecnología, espacio, temperatura, luz, etc.), las herramientas culturales (habilidades pedagógicas, conocimiento del idioma, etc.), el tiempo para acompañar el proceso educativo, la estabilidad emocional (por problemas económicos, de salud, habitacionales, etc.) o los recursos alimentarios necesarios para aprender. Todo ello influye directamente en el tiempo y la capacidad de estudio de los niños y niñas.

Algunas familias tienen ordenadores y banda ancha, y otras no. Hay familias monoparentales padeciendo directamente el coronavirus. Algunos núcleos familiares están juntos y otros, como quienes trabajan en primera línea contra la enfermedad, ven pocas horas a sus hijos. Por no hablar de las situaciones de duelo frustrado por la pérdida de familiares y amigos.

A todo ese alumnado le falta la estructura social que hace posible que el oxígeno del aprendizaje llegue a sus pulmones. Faltan ‘respiradores educativos‘. Y muchos niños y niñas solo pueden respirar cuando están en la escuela, junto a sus docentes y sus compañeros, con los recursos adecuados.

Evaluar, no calificar
Si no ponemos remedio, la ausencia de escuela supondrá una importante pérdida de aprendizaje para una buena parte del alumnado. La gravedad de esta pérdida incide más en los vulnerables y los rezagados por el efecto acumulativo en sus desigualdades de partida.

También influye la etapa: para un alumno de 2º de Bachillerato los efectos de la situación pueden ser dramáticos por la EvAU, mientras que en cursos más bajos no tendría por qué si el próximo curso se adapta el currículo y se establecen medidas compensatorias eficaces.

El problema de fondo es que la asfixia educativa no es nueva. Este virus existe y afecta a miles de niños y niñas desde mucho antes del confinamiento y, aunque se conocen numerosas vacunas y remedios, apenas se han aplicado. Por tanto, si antes de la llegada de la COVID-19 la desigualdad educativa no se atajaba decididamente mediante planes, recursos y estructuras eficaces, ¿podemos confiar en que se hará ahora?

En segundo lugar, se está confundiendo la evaluación, que sirve para mejorar el aprendizaje, con la calificación, que sirve para clasificar al alumnado.

La escuela está cerrada y no puede garantizar las condiciones de aprendizaje. Por tanto, no debe responsabilizar al alumnado de lo que aprende, ni del ritmo al que lo aprende. De esta forma, tampoco puede dictar una calificación válida, fiable y justa, aunque la evaluación con intención formativa deba seguir aplicándose.

También influye la etapa: para un alumno de 2º de Bachillerato los efectos de la situación pueden ser dramáticos por la EvAU, mientras que en cursos más bajos no tendría por qué si el próximo curso se adapta el currículo y se establecen medidas compensatorias eficaces.

El problema de fondo es que la asfixia educativa no es nueva. Este virus existe y afecta a miles de niños y niñas desde mucho antes del confinamiento y, aunque se conocen numerosas vacunas y remedios, apenas se han aplicado. Por tanto, si antes de la llegada de la COVID-19 la desigualdad educativa no se atajaba decididamente mediante planes, recursos y estructuras eficaces, ¿podemos confiar en que se hará ahora?

En segundo lugar, se está confundiendo la evaluación, que sirve para mejorar el aprendizaje, con la calificación, que sirve para clasificar al alumnado.

La escuela está cerrada y no puede garantizar las condiciones de aprendizaje. Por tanto, no debe responsabilizar al alumnado de lo que aprende, ni del ritmo al que lo aprende. De esta forma, tampoco puede dictar una calificación válida, fiable y justa, aunque la evaluación con intención formativa deba seguir aplicándose.

En estas circunstancias, lo más oportuno es parar el curso a efectos de calificación durante el cierre de los centros —o al menos que las calificaciones posteriores no penalicen en ningún caso— y prepararse para compensar las desigualdades en lo que queda de curso a distancia y, sobre todo, cuando vuelvan las clases presenciales.

Construir un escudo educativo
Estamos solo en el comienzo de una emergencia social y educativa que, a estas alturas, no puede cogernos desprevenidos. Es urgente construir un escudo educativo que proteja al alumnado y potencie el aprendizaje de todas las personas, desde ahora y en el futuro, con o sin emergencia sanitaria. Para ello, resulta esencial al menos:

Mejorar las condiciones educativas para atender a la diversidad de todo el alumnado y a sus condiciones sociofamiliares. Aumentar las plantillas de los departamentos y equipos de orientación y asesoramiento psicopedagógico en todos sus perfiles profesionales, y especialmente en aquellos que pueden coordinarse con los Servicios Sociales y activar recursos de distintas administraciones.
Implementar políticas que frenen la segregación escolar en todas sus dimensiones. Una educación confinada representa la máxima segregación educativa. Una de las mayores riquezas de la escuela es ofrecer un contexto escolar diverso que promueva una convivencia positiva y compense las desigualdades.
Aplicar actuaciones educativas de éxito contrastadas, fomentando el diseño universal para el aprendizaje y  el modelo de cotutorías o docencia compartida. Para ello es necesario incrementar las plantillas en los centros y garantizar la estabilidad de los equipos docentes.
Diseñar currículos oficiales flexibles alejados de la estandarización y el enciclopedismo, permitiendo el ejercicio de la autonomía pedagógica de los centros para personalizar al máximo la enseñanza.
Preparar desde los centros el apoyo psicológico y emocional que necesitarán los alumnos y docentes, especialmente quienes han vivido situaciones traumáticas durante la pandemia.
Establecer sistemas de apoyo económico para las familias que experimentarán problemas económicos.
Prestar atención a las necesidades del alumnado vulnerable de cara a posibles nuevos confinamientos. Es necesario garantizar materiales para aprender en casa, diseñar metodologías y contenidos adecuados, establecer vías de comunicación fiables entre docente y alumno, y garantizar la seguridad alimentaria y el acceso a los recursos de salud física y mental para todos.
Dotar a los centros de infraestructura, material y formación adecuados para la docencia presencial y a distancia. Ello implica que todo docente cuente con tecnología para trabajar en su domicilio.
En definitiva, necesitamos enfocar todos nuestros esfuerzos a cuidar al alumnado y a paliar unas desigualdades que, si bien ya eran profundas, la actual situación dejará dolorosamente visibles.

Nos situamos ante dos posibilidades: una, que seamos capaces de establecer medidas estructurales y perdurables para garantizar el derecho a la educación de todo el alumnado; y otra, que la inacción nos lleve a profundizar en las desigualdades de forma que, por el camino, el sistema educativo pierda su sentido fundamental.

jueves, 16 de abril de 2020

Los niños, el coronavirus y los deberes

https://elpais.com/sociedad/2020-04-11/francesco-tonucci-no-perdamos-este-tiempo-precioso-dando-deberes.html?outputType=amp&fbclid=IwAR2GSB8MCZT-SfTw9HOvpQ4qZh-NhAw8cx25V4nNI50eQPzr7scoGJx6OaI

Francesco Tonucci: “No perdamos este tiempo precioso dando deberes”
El psicopedagogo italiano asegura que este encierro demuestra “todavía más” que la escuela no funciona

https://youtu.be/ZKnjRTestUU

Un niño juega en su casa durante la cuarentena. En el vídeo, entrevista a Francesco Tonucci.GIANLUCA BATTISTA
ANA PANTALEONI
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GIANLUCA BATTISTA
Barcelona - 11 ABR 2020 - 18:02 CEST
Francesco Tonucci (Fano, 1940) es un experto en niños. Desde su casa de Roma, donde lleva cinco semanas encerrado, este psicopedagogo italiano contesta por videoconferencia algunas de las cuestiones que más afectan a los menores durante este periodo de encierro para combatir el coronavirus. Tonucci reconoce que son muchos los padres que piden consejos. Propone ideas como que tengan su propio diario secreto de confinamiento o un lugar, por pequeño que sea, para esconderse dentro de casa. El psicopedagogo se muestra crítico con la escuela y cómo está afrontando este encierro.


Pregunta. ¿Qué es lo peor del confinamiento para los niños?

Respuesta. Debería ser el no poder salir, pero es mentira porque lamentablemente tampoco antes salían. Los niños desean salir y solo pueden hacerlo de la mano de un adulto. Con lo cual es importante que los niños vuelvan a salir, dentro y fuera del coronavirus. Quedarse en casa es una condición nueva, no ser autónomo no lo es. Espero que los niños puedan mostrarnos con la fuerza de este encierro cuánto necesitan más autonomía y libertad. Es muy interesante cómo están reaccionando ellos. Durante los primeros días de confinamiento, envié un vídeo a nuestras ciudades de la red internacional de la ciudad de los niños animando a convocar los consejos para pedir su opinión y dar consejos a los alcaldes; me parecía un poco paradójico que todo el mundo pedía a los psicólogos consejos para los padres y a los pedagogos para los maestros y nadie pensaba en ellos. Los niños sienten mucho la falta de la escuela, es decir, no de los profesores y los pupitres sino la falta de los compañeros. La escuela era el lugar donde los niños podían encontrarse con otros niños. La otra experiencia en la que pude comprobar que la escuela era muy deseada para los niños fue cuando están en el hospital.


P. Entonces, considera que los políticos no tienen en cuenta a los menores para tomar sus decisiones.

R. Como siempre. Los niños prácticamente no existen, no aparecen en sus preocupaciones. La única preocupación ha sido que la escuela pueda seguir de forma virtual. En Italia, por ejemplo, la gran preocupación es demostrar que pueden seguir igual que antes a pesar de las nuevas condiciones, es decir, lo hacemos casi sin que den cuenta, sentados como estaban en la escuela frente a una pantalla haciendo clases y con deberes. Muchos no se han dado cuenta de que la escuela no funcionaba antes y en esta situación se nota lo poco que funcionaba. Los niños están hartos de los deberes y para las familias es una ayuda porque es lo que ocupa a los niños. Los deberes siempre son demasiados, no tanto por la cantidad sino por la calidad. Son inútiles por los objetivos que los docentes imaginan.


P. Si se hace todo mal, ¿qué propone?

P. Hice un pequeño vídeo ofreciendo consejos de sentido común. Tenemos una oportunidad. Los niños en la escuela se aburren y así es difícil que aprendan. Además, existe un conflicto entre escuela y familia, es un conflicto moderno, la familia siempre está lista para denunciar el colegio. Ahora la situación es nueva: la escuela se hace en familia, en casa. Propongo que la casa se considere como un laboratorio donde descubrir cosas y los padres sean colaboradores de los maestros. Por ejemplo, cómo funciona una lavadora, tender la ropa, planchar, aprender a coser…

P. Pero en este laboratorio, ¿los padres están trabajando también?

R. Pido cosas que hay que hacer en casa igualmente. La cocina, por ejemplo, es un taller de ciencia. Los niños deben aprender a cocinar. El maestro puede proponer que los alumnos cocinen un plato con su salsa y escriban la receta. Así estamos haciendo física, química, literatura y se puedo montar un libro virtual de recetas. Otra experiencia que me parece importante es que los niños hagan vídeos de su experiencia en casa. La otra experiencia, por supuesto, es la lectura. Cómo la escuela no consigue que los niños amen la lectura es un gran peso. La escuela debería preocuparse más, dar a sus alumnos el gusto de leer.

P. Eso supone enfrentarse a las pantallas, a los videojuegos.

R. Estamos pensando en una escuela que tiene que hacer propuestas a los niños encerrados en casa. Proponer a los niños que lean un libro debe ser un regalo, no un deber. Hay otra forma que es la lectura colectiva, de familia. Crear un teatro que tiene su horario y su lugar en la casa, y un miembro de la familia lee un libro como si fuera una telenovela. Media hora todos los días. Son propuestas que parecen poco escolares, pero todas tienen que ver con las disciplinas escolares. Estudiando las plantas de las casas se puede hacer una experiencia de geometría. Todo esto lo digo para que se entienda que se puede aprovechar la riqueza que tenemos ahora, la casa y la disponibilidad de los padres. Usted dice que los padres no tienen tiempo: no es verdad. A pesar de todo el tiempo que están ocupados, no saben qué hacer en el tiempo libre. Normalmente el tiempo que pasan con ellos es para acompañarlos a actividades y no para vivir con ellos. Otra propuesta es que jueguen, eso es lo más importante. Que inventen juegos. Llamar a los abuelos para que aconsejen juegos, ellos fueron niños cuando los juegos había que inventarlos.

P. Nunca habremos pasado con ellos tanto tiempo como ahora.

R. Por eso mismo. No perdamos este tiempo precioso dando deberes. Aprovechemos para pensar si otra escuela es posible.

P. ¿Qué tiene que hacer un niño el primer día que salga de este confinamiento?

R. Gritar, lanzar piedras, correr, y abrazarse con alguien; aunque eso último será complicado.